Es posible mantener un medio de comunicación sin accionistas, grandes inversores privados ni ingresos publicitarios? ¿Estarían en sus cabales los responsables de un negocio periodístico digital si decidiesen ignorar las estadísticas de tráfico, tipo de lectores, noticias más vistas y valoradas, etc…? El periodista Ben Wolford y la abogada proderechos humanos Christina Asencio están convencidos de que sí. Y ésta es su apuesta: Latterly, una revista mensual que se compromete a ofrecer buen periodismo narrativo y que espera mantenerse sólo con suscripciones y donaciones.

De su manifiesto, he extraído los siguientes mensajes:

"Latterly es diferente de otras revistas digitales. Nunca nos referimos a nuestras historias y fotografías como ‘contenido’, no son nuestro ‘producto’ –términos que convierten en mercancía las historias vivas de nuestros temas–. El periodismo no es nuestro ‘proyecto de pasión’; es nuestra razón de ser. Y mientras otras startups de periodismo digital dependen de mano de obra gratuita, nosotros pagamos a nuestros periodistas desde el primer día".

"No nos preocupamos por los clics. No vamos a monitorear nuestro tráfico. Gracias a nuestro modelo único basado en la comunidad, sin publicidad, sólo nos importan dos cosas: las historias, y nuestra comunidad de periodistas y lectores".

"El periodismo narrativo es caro, y también lo son las sorprendentes fotografías que entregaremos en cada número. Incluso las historias sencillas pueden costar miles de dólares. Los medios tradicionales, que dependen en gran medida de la publicidad, se están marchitando en sus modelos de ingresos fallidos. Y la mayoría de las publicaciones digitales no están pagando lo bastante a sus periodistas. A menos que algo cambie pronto, los periodistas dejarán de contar historias importantes. Esta es la misión de Latterly –mantener vivo este trabajo".

Latterly ofrecerá cuatro entregas cada mes a cambio de suscripciones de 3 dólares mensuales (u 8 dólares trimestrales), y comenzará su andadura el próximo mes de noviembre.

¿Un modelo revolucionario? Sí, y no. Sí, porque explorar nuevas vías en el ámbito del periodismo en plena era de la inmediatez y el ‘trending topic’, vías además que tienen como ‘línea editorial’ apostar por un periodismo comprometido con el propio periodismo, con los periodistas y con la comunidad de lectores, sigue suponiendo un gesto subversivo. Y no, porque, en realidad, son ya varias las experiencias similares, unas con más éxito que otras, las que llevan intentando cuadrar el círculo del periodismo digital desde hace años.

A bote pronto, y ciñéndonos al ámbito hispano, se me viene a la cabeza la fértil ‘Orsai‘, del no menos fecundo Hernán Casciari, un proyecto de connotaciones diferentes al que nos ocupa (revista de papel), pero también sin publicidad y sufragado exclusivamente por los lectores. Un proyecto que demostró su viabilidad al menos durante unos años, pero que no ha tenido continuación.

Cierto es que hablamos de revistas, publicaciones mensuales o más extendidas en el tiempo, cuya coste de producción es muy inferior al de plataformas de información diaria, que es hacia donde se dirigen todas las miradas en este apasionante debate. Pero incluso entre éstas ya hay experiencias que tratan de primar la aportación de los lectores frente a las fuentes tradicionales de ingresos. Véanse los casos de eldiario.es o periodismohumano.com, por citar dos de los más conocidos, que además –al menos el primero– comparten con Latterly su vocación de transparencia financiera, rindiendo cuentas a los suscriptores de forma regular.

¿Pero no era precisamente ésa la vocación de todo aquel movimiento blogger y de periodismo 3.0 en sus orígenes, una reacción frente a la comunicación tradicional, frente al monopolio y la adulteración de la información, renegando de injerencias publicitarias, presiones y audiencias? ¿Aquel movimiento de periodistas y ciudadanos al que la prensa oficial señaló como uno de sus principales enemigos antes de fagocitarlo? ¿Y no era también ése el espíritu original de redes sociales y soportes de microblogging, ahora atrapados, como también los blogs, en las redes del famoseo, el más burdo mercantilismo, el endiosamiento, el circo, la inmediatez, el ‘trolleo’, la irreflexión, el ROI, y las ‘analytics’?

Hace unos meses me mudé de mangasverdes.es –un proyecto ‘ganador’– a mmeida.com –un embrión de proyecto– precisamente, entre otras cosas, en un intento de volver a aquellas raíces, de encontrarme a mí mismo en todo aquello que diez años atrás me había llevado a poner en marcha un blog, dejando de lado todo lo que me parecía accesorio, incluido la obligación de publicar puntualmente o estar pendiente de las audiencias; recuperar el placer de escribir y de compartir lo que realmente me motiva, cuando me motiva, con la gente –mucha o poca– a la que le motiva también. Hoy soy más feliz. Dentro y fuera de la Red. No me he arrepentido. Todo lo contrario.

Y ésa ráfaga de aire fresco es la que me parece ver en Latterly, y en todos esos proyectos que, de una forma u otra, apuestan por explorar el futuro del periodismo desde el propio periodismo –al margen de aquellos factores que llevaron al hundimiento al periodismo tradicional y que hoy, quizás con otros métodos y otras etiquetas, vuelven a amenazar seriamente a la comunicación digital–. Proyectos que fomentan esas claves irrenunciables que deben caracterizar a la nueva comunicación como son la independencia, la calidad, el rigor, la transparencia, la participación, el compromiso, la implicación y aplicación tecnológica o la dignidad laboral.

Latterly siquiera ha nacido aún. Es también un embrión de proyecto. Una iniciativa que muchos podrían considerar romántica o temeraria. Pero yo creo que bien vale la pena. Habrá que estar atentos.

 
Actualización (15 oct 2014 – 16.56 h): Precisamente veo hoy en Medium este artículo en el que se informa del éxito, un año después de su puesta en marcha, del digital holandés De Correspondent, un proyecto financiado también vía crowdfunding y de filosofía similar a los mencionados en el post. Otro periodismo es posible.

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