El Blog de Manuel M. Almeida https://mmeida.com Literatura, novela, poesía, periodismo, comunicación, Internet, tecnología, política, ciencia, ecología, cultura, tendencias, vídeo, fotografía Mon, 20 Feb 2017 00:28:47 +0000 es-ES hourly 1 ¡Bravo! https://mmeida.com/bravo/ https://mmeida.com/bravo/#comments Mon, 06 Feb 2017 15:05:48 +0000 https://mmeida.com/?p=47509  
Por Manuel M. Almeida

El humorista se hizo instalar en la amplia pared de su garaje un mural de cuatro por tres que lo enfrentaba a un auditorio mohíno...

¡Bravo! fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

¿Qué clase de humorista era él, que se bloqueaba al primer signo de indiferencia? ¿Qué artista pretendía ser si se achicaba en cuanto percibía un atisbo de frialdad entre el público? ¿A qué podía aspirar si se arredraba con la primera mueca de hastío, fastidio o hostilidad?

El humorista se hizo instalar en la amplia pared de su garaje un mural de cuatro por tres que lo enfrentaba a un auditorio mohíno: señoras de caras largas, caballeros tristes distraídos, jóvenes ensimismados en sus móviles y en sus bostezos, ancianos y ancianas dormidos o medio dormidos… Dieciocho horas al día. Frente a frente con su pesadilla. Ése era el reto. Si lograba acabar un monólogo ante aquella adversa audiencia, qué duda cabe de que habría vencido a sus miedos, de que al fin podría encarar con éxito, sin lastre, su destino. Sería el mejor y más grande cómico sobre la faz de la Tierra, el mayor actor que jamás se hubiese visto. El humorista se esforzaba. Al principio apenas si era capaz de encadenar dos frases seguidas antes de claudicar presa del pánico. Al poco logró acabar algún chiste. Tiempo después ya era capaz de encadenar tres o cuatro. Y así, avanzando lentamente, con caídas y recaídas; pero siempre constante, dejándose la piel, el sudor, la salud en aquel garaje oscuro y decadente tan solo iluminado por la potente luz de dos focos dirigidos hacia el público. Hasta que un día logró concluir su primer sketch. Y a ese sketch siguió otro, y otro. Entonces le pareció ver que una mujer de negro se interesaba. Pasadas diez actuaciones, ya eran la mujer y varios de los ancianos. Días después, los jóvenes habían dejado de jugar con sus móviles. En una semana ya le aplaudían. A las dos semanas aquel díscolo público del mural lo ovacionaba. Al mes enloquecía. Le aplaudían al salir, se carcajeaban incluso cuando hablaba en serio, lo interrumpían con piropos, y al concluir lo vitoreaban. ¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo! Ya casi no salía, no comía ni dormía. Se debía a su público, y su público lo adoraba. Y allí quedó. Sin angustias, sin miedos. Aclamado, querido, triunfante en aquel garaje-escenario. ¿Podía acaso el mundo ahí afuera depararle algo mejor?

Encuentran el cadáver de Mr. Je en el garaje de su casa con evidentes síntomas de inanición. El cuerpo, en actitud de reverencia, postrado frente a la gigantesca imagen de un teatro a rebosar con el público en pie, enardecido.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

¡Bravo! fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Encrucijada https://mmeida.com/encrucijada/ https://mmeida.com/encrucijada/#respond Wed, 25 Jan 2017 11:05:29 +0000 https://mmeida.com/?p=47171  
Por Manuel M. Almeida

El paisano se cruza con el escalador cuando éste está a punto de alcanzar la base de la montaña. Se dan los buenos días

Encrucijada fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

El paisano se cruza con el escalador cuando éste está a punto de alcanzar la base de la montaña. Se dan los buenos días. La montaña es una roca inmensa que se alza unos cuatrocientos metros hacia un cielo levemente púrpura a esa hora de la mañana. El paisano tiene prisa porque es cartero –los carteros siempre tienen prisa–, y ha de entregar la correspondencia a otros paisanos que moran en las casitas desperdigadas por los rincones de aquella accidentada comarca. Pero hoy se detiene. Contempla cómo el escalador se ajusta el arnés, revisa las cuerdas y los mosquetones, cuenta los clavos, los frenos, los aseguradores, se coloca el casco y se calza los pies de gato. Observa cómo el escalador encara el primer tramo del ascenso por una zona relativamente accesible y cómo, en apenas unos minutos y sin aparente dificultad, alcanza un saliente a cincuenta metros de altura. Ahora viene lo peor. El paisano se pregunta cómo puede una persona decidir poner en riesgo así su vida. Abandonar su casa, a sus seres queridos, amigos y encomendarse a una empresa tan improductiva como temeraria. El escalador ha de ser por fuerza un tipo solitario y desgraciado, sin nada que perder. El escalador trepa ahora lenta y trabajosamente sobre una pared lisa y pulida. A cada instante se detiene e inserta un clavo en el surco que cientos de escaladores antes han abierto en la vieja vía. El paisano se sienta sobre una piedra junto a una tabaiba y lía un cigarrillo. Mira allá arriba, donde el escalador se afana en superar otro saliente, balanceándose para tomar impulso, y saborea la primera bocanada de humo. Imagina que el escalador es una araña colgada de su hilo, una araña doméstica, minúscula: ese tamaño tiene. Si el escalador tuviese trabajo, ocupación, responsabilidades, no se entregaría a estas locuras. Quién sabe qué lo ha traído hasta allí. Un amor herido, la bancarrota, la melancolía. O quizá la mera pretensión, la sed de vanagloria. O tal vez la memez más absoluta. Quién era él para juzgar. Pero normal, muy normal, lo que se dice normal a él esta gente no le parecía. Ya está el escalador a unos metros de la cima. Ya culmina. Ya abre los brazos como si su misión fuese sostener el universo. Ya eleva la cabeza como quien se baña de luz de mediodía. Ya se sienta. Ya da buena cuenta de un bocadillo. Y todo esto el paisano lo ve en silueta recortada sobre un azul inmenso. Siempre tuvo buena vista. Todo eso a él le parece tontería. El riesgo, el esfuerzo, la fatiga. Por un bocadillo. No niega que desde allá arriba la vista ha de ser portentosa. Pero él mismo, ahora, si se asoma un poco al barranco puede disfrutar de un panorama espléndido. ¿A qué exponerse? ¿Por qué aventurarse? El escalador desciende casi al mismo ritmo que el sol. Ya está en la base. Se quita el casco, se cambia de zapatos, se libera del arnés, guarda todo en la mochila. El escalador se cruza con el paisano camino abajo y se dan las buenas tardes. El paisano no ha visto jamás semejante sonrisa. ¿Felicidad, realización, trabajo bien hecho? Y solo entonces repara en su cartera de cuero colmada de sobres. Abandonada sobre la hierba bajo un cielo levemente crepuscular a esa hora del día.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Imagen: Tekkoontan

Encrucijada fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Viernes https://mmeida.com/viernes/ https://mmeida.com/viernes/#comments Fri, 20 Jan 2017 09:53:34 +0000 https://mmeida.com/?p=47165  
Por Manuel M. Almeida

Era viernes, y como cada viernes tenía invitados. Los recibía a eso de las ocho. Se tomaban un aperitivo. Se sentaban a la mesa...

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Por Manuel M. Almeida

Era viernes, y como cada viernes tenía invitados. Los recibía a eso de las ocho. Se tomaban un aperitivo. Se sentaban a la mesa y departían alegremente durante unas horas. Política, deportes, economía, sucesos, ciencia, cultura… Luego pasaban a las copas. Y, si alguno o alguna se animaba, terminaban la fiesta con un buen baile. Por último, ya rendido, con los efluvios del alcohol y los vapores de la cena invitándolo a la cama, se despedía. Recogía la mesa vacía, ordenaba el salón ordenado y se acostaba. Todo esto lo hace Mario cada viernes. Sin abrir la puerta de su casa.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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La hoguera de las v̶a̶n̶i̶d̶a̶d̶e̶s̶ soledades https://mmeida.com/hoguera-vanidades-soledades/ https://mmeida.com/hoguera-vanidades-soledades/#comments Sun, 08 Jan 2017 11:37:33 +0000 https://mmeida.com/?p=47159  
Por Manuel M. Almeida

En Facebook era runner. En Twitter era curator. En Amazon era prosumer. En Instagram era traveller. En YouTube era youtuber...

La hoguera de las v̶a̶n̶i̶d̶a̶d̶e̶s̶ soledades fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

En Facebook era runner. En Twitter era curator. En Amazon era prosumer. En Instagram era traveller. En YouTube era youtuber. En Linkedin era enterpreneur. En el bloque era Tino, Tino el Raro. Falleció un 17 de septiembre, pero tenía tantos tuits, tantas publicaciones de Facebook, tantos tuits programados que nadie lo echó en falta hasta finales de diciembre. La policía halló su cadáver descompuesto en actitud de WhatsApp, tendido en el sofá, con un portátil sobre el abdomen y un móvil en cada mano.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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El amigo invisible https://mmeida.com/amigo-invisible/ https://mmeida.com/amigo-invisible/#comments Sat, 07 Jan 2017 11:18:13 +0000 https://mmeida.com/?p=47152  
Por Manuel M. Almeida

Sabíamos que estaba ahí porque lo llamábamos por su nombre y él respondía. Por lo demás, nadie notaba su presencia

El amigo invisible fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Sabíamos que estaba ahí porque lo llamábamos por su nombre y él respondía. Por lo demás, nadie notaba su presencia. Llegaba, se sentaba a poca distancia de nosotros, dejaba su mochila en el suelo, sacaba un bocadillo, fijaba la mirada en algún punto impreciso del parque y se pasaba las horas absorto mirando al frente, casi sin pestañear. Luego, cuando nos íbamos, él también se retiraba. Cada tarde, todos los días. A veces, intentábamos integrarlo en la pandilla, y lo invitábamos a jugar a esto o lo otro, pero él se limitaba a negar con la cabeza. No se inmutaba. Por eso, para nosotros jugar al amigo invisible consistía en sentarnos a su lado, sobre el mismo borde del parterre que ocupaba, mirar al frente a ningún sitio y permanecer así hasta que nos cansábamos o alguno decía alguna barbaridad y nos entraba la risa. Años después, supe que se había hecho escultor y que había alcanzado una notable popularidad gracias a una figura de vidrio y metacrilato que había erigido en nuestro viejo parque, justo enfrente, a unos cincuenta o sesenta metros, del parterre junto al que se reunía la pandilla. La admiración por su obra provenía no sólo de la pulcritud y exquisita técnica que reflejaba, tampoco de la prodigiosa figura de mujer poliédrica y cristalina; sino del hecho de que aquella fuera su única creación, pero una creación viva, en continua transformación. Todas las tardes, cada día, mi amigo trabajaba en ella. De forma obsesiva, como atrapado por algún hechizo que lo obligase a perfeccionarla. Hasta que una noche, de improviso, desaparecieron los dos: el hombre y la mujer, el artista y su obra. Entonces entendí que era esa mujer transparente e inacabada, esa mujer igual de invisible y ausente, lo que mi amigo veía de niños cada tarde en el parque. Y que, de algún modo, había logrado al fin darle forma. Una mujer imposible que ninguno de nosotros jamás fuimos capaces de ver, pero que sin duda alguna a él le había arrebatado el alma.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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ULAS J1120+0641 https://mmeida.com/ulas-j11200641/ https://mmeida.com/ulas-j11200641/#respond Thu, 05 Jan 2017 09:50:02 +0000 https://mmeida.com/?p=47145  
Por Manuel M. Almeida

¿Habrá vida más allá? ¿Otro mundo habitado? Se encaramaba cada noche a aquel promontorio y se dejaba embriagar por la infinidad del cosmos...

ULAS J1120+0641 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

¿Habrá vida más allá? ¿Otro mundo, otro planeta habitado? Se encaramaba cada noche a aquel promontorio y se dejaba embriagar por la infinidad del cosmos. Observaba el firmamento, las incontables estrellas y galaxias, las lunas, soles, cometas y asteroides. Siempre con el mismo pensamiento, la misma duda, el mismo anhelo en su cabeza. ¿Existirán otros pueblos, otras razas, planetas rosados, verdes, azules… o, tal y como afirman nuestros sabios y nuestros credos somos la excepción, la especie elegida, en este universo? Luego, cuando el séptimo sol oscuro asomaba por el horizonte, cuando era demasiado tarde incluso para ella, descendía por los arroyos encendidos, reptando algo cansada, pero exuberante y ligera, se sumergía en la ciénaga lávica de metal púrpura y, ya en su burbuja de helio, le parecía morir de ternura al encontrar a sus vástagos dormidos, despreocupados, con una sonrisa de antena a antena.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

ULAS J1120+0641 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Micky la Bestia https://mmeida.com/micky-la-bestia/ https://mmeida.com/micky-la-bestia/#comments Wed, 04 Jan 2017 09:34:58 +0000 https://mmeida.com/?p=47134  
Por Manuel M. Almeida

Micky la Bestia llevaba varias noches apostado en aquel callejón sin luz. Sabía que tarde o temprano don Carlos tendría que pasar por allí...

Micky la Bestia fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Micky la Bestia llevaba varias horas apostado en aquel callejón sin luz. Sabía que tarde o temprano don Carlos tendría que pasar por allí. De hecho, le desconcertaba un tanto que no lo hubiese hecho ya. Era lo normal. Su costumbre de casi todos los días. Pero él no se amilanaba. Permanecía agazapado en lo oscuro con un mondadientes adherido al labio inferior y jugando con la navaja que ocultaba en una mano a su espalda. La abría y la cerraba, la cerraba y la abría, en un ritual mecánico que ejecutaba a la perfección, con un simple golpe de muñeca, en una cadencia milimétrica; como si midiese el tiempo, segundo a segundo, a través de ese reloj afilado. Micky la Bestia era alto, uno noventa largos, calvo desde los veinte, cabeza cuadrada, mandíbula prominente y músculos acerados y tatuados por todo el cuerpo. Tenía fama de tipo duro, fama que él se preocupaba muy mucho de alimentar. Ex boxeador, ex legionario y ahora lobo solitario sin profesión conocida, no había quien le tosiera y aún menos le estornudara. Nadie se le acercaba. En el ideario colectivo del distrito sur estaba grabado a fuego que Micky era lo que se dice un mal bicho. Cuando a Micky la Bestia le pareció distinguir el porte de don Carlos unos cincuenta metros más allá, a la altura de la peluquería de Loli, sus músculos se tensionaron. Don Carlos lucía como una polilla indefensa a la luz de las farolas que jalonaban la calle por la que transitaba. Una ruta que lo llevaba directamente al lóbrego pasadizo en el que lo aguardaba Micky. En el preciso instante en que el pie de don Carlos asomó por la esquina, Micky dio un pequeño salto para interponerse en su camino. Agarrándolo del cuello lo introdujo en el callejón y, allí, a salvo de cualquier mirada, lo empujó contra la pared. «¿Otra vez tú, Micky?». Micky lo miraba fijamente. La mano que estrujaba el cuello de la camisa de don Carlos le temblaba. Los ojos de Micky echaban chispas. Su rostro se había enrojecido y desencajado. «Vamos, Micky, siempre lo mismo». Llevó la navaja hasta la garganta de su víctima. La navaja también temblaba. «¡Acaba ya, Micky!». Micky contemplaba el rostro de don Carlos, sus arrugas, la pequeña cicatriz en la frente, sus ojos bondadosos y atormentados, aquellas manos atríticas y descarnadas, don Carlos era todo huesos, aquel frágil cuerpo en sus manos era como un pañuelo, lo escuchaba toser, pensaba en cuánto tendría que haber sufrido ese hombre hombre a lo largo de su vida, ¡siempre fue alquitranero!, pensaba en Rubén, el nieto del anciano, y en Marta, su hija. Lo soltó. No podía. Se dio la vuelta y comenzó a llorar de impotencia. «¿Ya está, Micky? Voy a dejar de pasar por aquí. No es nada personal, ya sabes, es que joder…». Micky escuchó el sonido decreciente de los pasos del viejo que se alejaba. Y su voz, en un alto. «Con ese corazón que tienes…». Micky supo que era verdad. Un secreto del que sólo don Carlos y él participaban. Jamás, por mucho que se afanase, conseguiría ser la bestia que todos imaginaban, la misma que él pretendía.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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Doce por doce https://mmeida.com/doce-por-doce/ https://mmeida.com/doce-por-doce/#comments Fri, 30 Dec 2016 18:48:45 +0000 https://mmeida.com/?p=47102  
Por Manuel M. Almeida

Veinte minutos para la medianoche. Todo listo. En la terraza. Las uvas en un platito, el gorrito de cartón, el matasuegras, la televisión...

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Por Manuel M. Almeida

Veinte minutos para la medianoche. Todo listo. En la terraza. Las uvas en un platito, el gorrito de cartón, el matasuegras, la televisión a tope, el cava, la copa, el smartphone recién cargado. Era el quinto año que celebraba la fiesta a solas, en casa. Tres navidades ya desde lo de Manuela. ¿A dónde iba a ir él? Quince minutos. Un sobresalto. ¡No había contado las uvas! Ya le había pasado una vez. Las compraba en lata, ya peladas y despepadas. Justo doce. Aquella vez no las contó. Y ya demasiado tarde descubrió que sólo había once. Le faltó una campanada. Lo arregló con una almendra. Pero hoy no le volvería a pasar. Abajo, el murmullo festivo era ensordecedor. Cogió el platito y se asomó. Comenzó a contar, separando una a una las pequeñas bayas. Una. Dos. Tres. Cuatro. Un ojo puesto en la fruta y el otro en el tumulto. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Un golpe de viento. Un ídem de tos. Y un dedo índice descontrolado que catapulta la novena uva al otro lado de la terraza. Sobre el muro. Al borde del muro. Deja el platito en la mesa. Se aproxima lentamente. La uva se balancea. Se balancea. Se balancea. Hasta que se deja caer alentada por una mínima ráfaga de aire. Recuento. Once. ¡Maldita sea! ¿Qué hacer? ¡No hay tiempo! No discurre. No medita. Baja corriendo a la calle. No aguarda ni al ascensor. Busca una uva. Bajo su fachada, a codazos, a gatas, a tientas. Pisada, aplastada, embarrada, contaminada. ¡Qué más da! Cinco minutos. La calle es una verbena. Ahí está. Un milagro. Parece sana, intacta. Hay que darse prisa. Pero… ¿qué? Se detiene. Una mujer se le adelanta. «Perdón, eh, es mía», advierte él. «¿Suya?». «Sí, la uva. Es mía«. La mujer no da crédito. «¿Esta uva es suya?». «Se me acaba de caer de la terraza». «¿En serio?». La mujer mira hacia arriba, no ve a nadie, vuelve la vista hacia nuestro hombre y se parte de risa. Un minuto para las doce. La mujer no cesa de reír. Retumban los carrillones. «También yo ando sola», balbuce. Se coloca la uva entre los labios. «¡Señorita!». Suena la primera campanada. La desconocida-con-uva-entre-los-labios lo besa. Una y once veces más. En la terraza, otras once uvas esperan.

Otros títulos que quizá sopesé: Mala uva, A por uvas, Le dieron las uvas y De uvas a brevas 😉

¡Feliz 2017!

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Doce por doce fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Facebook, stocks, Instagram… Mis 20 fotos más populares de 2016 https://mmeida.com/20-fotos-populares-2016/ https://mmeida.com/20-fotos-populares-2016/#respond Thu, 29 Dec 2016 07:39:09 +0000 https://mmeida.com/?p=47061  
Por Manuel M. Almeida

Recopilación de las 20 imágenes más populares del año 2016 en la sección de fotografía del blog y plataformas como Facebook e Instagram

Facebook, stocks, Instagram… Mis 20 fotos más populares de 2016 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

2016 ha supuesto una pequeña gran revolución en mi actividad fotográfica online. Por un lado, decidí abandonar plataformas como 500px y Flickr –a las que cada vez les veía menos sentido– y potenciar las publicaciones en Facebook e Instagram, con las que me encuentro mucho más agusto. Por otro, desde verano he comenzado a ofrecer buena parte de mi material en diversas plataformas de stock fotográfico, lo cual suponía una nueva forma de dar salida a mis creaciones y de ofrecer a mis seguidores la posibilidad de adquirir sus imágenes favoritas de manera cómoda y asequible.

Por lo pronto no me arrepiento de ninguna de las dos decisiones, sino más bien lo contrario. Una año más, éste que acaba ha sido un período de nuevos aprendizajes y descubrimientos, nuevos enfoques y muchas nuevas amistades. Sólo por eso, ya me doy por satisfecho.

Te dejo a continuación una relación de las fotografías que han gozado de mayor aceptación en el blog y redes sociales durante 2016, ordenadas de mayor a menor popularidad. Pinchando sobre ellas puedes acceder a los posts o páginas en las que están publicadas y verlas a mayor resolución, e incluso adquirirlas, lo cual qué quieres que te diga, sería también un detallazo 😉

Muchas gracias a todos y todas por estar siempre ahí.

Superluna sobre Las Canteras Surfistas de remo Aria (aire) Auditorio Alfredo Kraus Las Canteras, sala de arte

Sin prisas (al golpito) The guardian Zarapito Pita (perspectiva aérea) Amanecer con silueta (mix)

Cada loco, con su huella Labios y cerezas Escuela de piragüistas Al vuelo Sureste

Maspalomas Paseo crepuscular Koi Barca en la arena Tradescantia spathacea

Otras recopilaciones de mis fotos más populares años atrás:

2009 | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014 | 2015

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Catarsis https://mmeida.com/catarsis/ https://mmeida.com/catarsis/#comments Wed, 28 Dec 2016 12:39:32 +0000 https://mmeida.com/?p=47054  
Por Manuel M. Almeida

Estaba condenado y/o acusado de no menos de once delitos de corrupción, cuatro de acoso y dos de fraude fiscal...

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Por Manuel M. Almeida

Esperaba ese día como el mayor acontecimiento del año. Se levantaba muy temprano. De madrugada. Desayunaba algo caliente y ligero y bajaba al sótano. Allí tenía preparados un antifaz, docenas de cuartillas de papel, un patrón de madera, cinta adhesiva y unas grandes tijeras de acero cromado. Recortaba unas cien figuras, las figuras típicas de la efeméride, y las pegaba a su ropa. Por todo el cuerpo. Sombrero, corbata, camisa, chaqueta, pantalones, zapatos. Ajustaba el antifaz. Se miraba al espejo. Sonreía. Y con los primeras luces del alba se lanzaba a la calle. Ya en su propia acera recibía alguna que otra burla, pero eso no le bastaba. Se dirigía al mercado. En poco menos de una hora estaría a rebosar. No se equivocaba. La gente, de entrada, se daba a la sorpresa, pero primero unos, luego otros… al instante el mercado en peso comenzaba a reír, señalar y vociferar. Estaba condenado y/o acusado de no menos de once delitos de corrupción, cuatro de acoso y dos de fraude fiscal. Llevaba años entre juicio y juicio, entrando y saliendo de la cárcel, copando las portadas de los medios, soportando estoicamente que lo tildaran de chorizo, ladrón o sinvergüenza, la pena de telediario. ¿Era cierto? Sí. Cierto. Mucho más que cierto. Vale. Pero aquello no había corazón que lo aguantara. «¡Inocente! ¡Inocente! ¡Inocente! ¡Inoceeeente! ¡Inoceeente!», gritaba ahora la masa alborozada a su alrededor. «¡Inocente! ¡Inocente!», musitaba él, elevando la corrupta mirada, los brazos corruptos abiertos, llorando de emoción, riendo a mandíbula batiente. Corruptamente feliz. «¡Inocente!». Música celestial. Adoraba los 28 de diciembre.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Catarsis fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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