El Blog de Manuel M. Almeida https://mmeida.com Literatura, novela, poesía, periodismo, comunicación, Internet, tecnología, política, ciencia, ecología, cultura, tendencias, vídeo, fotografía Wed, 24 May 2017 19:01:41 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.7.5 A la deriva https://mmeida.com/a-la-deriva/ https://mmeida.com/a-la-deriva/#comments Wed, 24 May 2017 19:01:41 +0000 https://mmeida.com/?p=47950  
Por Manuel M. Almeida

«Navegar sin rumbo, / perderse / en los profundos piélagos. / Dejarse llevar / por la nada / hacia la calma inmensa».

A la deriva fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Navegar sin rumbo,
perderse
en los profundos piélagos.
Dejarse llevar
por la nada
hacia la calma inmensa.
Ser un reflejo más,
un destello
en el semblante del agua.
Abandonarse
a la brisa
muda, inconstante.

Caminar a la deriva
por las calles desiertas
bajo la cálida luz
del mediodía.

Flotar sin tregua,
flotar
hasta volverse corriente.
Encomendarse
al silencio
donde el silencio habita.
Diluirse en la paz
de un vuelo
eterno.

O caminar a la deriva
por las calles desiertas
bajo la cálida luz
del mediodía.

A la deriva fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Samu ‘el Cejas’ Estévez https://mmeida.com/samu-cejas-estevez/ https://mmeida.com/samu-cejas-estevez/#respond Mon, 22 May 2017 06:57:41 +0000 https://mmeida.com/?p=47946  
Por Manuel M. Almeida

Ahora sabía también de lo falaz de su autoestima y de su fama. Jamás había resuelto ningún crimen: el detective y el asesino eran siempre el escritor.

Samu ‘el Cejas’ Estévez fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

No se percató de que era el personaje de una novela hasta el capítulo diecinueve, cuando al autor le dio por introducir el giro más rocambolesco que pudo imaginar para intentar concluir aquel maldito trabajo que debía entregar en menos de una semana. Novela negra filosófica. Al escritor le pareció genial. El protagonista toma conciencia de sí mismo, no como el ser real que imaginaba, sino como el ser imaginado que realmente es. A Samu el Cejas Estévez, sin embargo, el detective que había encandilado a millones de lectores en el planeta y que se veía a sí mismo como el tipo más independiente, libre y rebelde en cien ciudades a la redonda, aquello le sentó como una puñalada. Su fama de sagaz, osado, malote y rompecorazones se tambaleaba. Ahora sabía que no era más que un pelele, como lo eran todos los que lo rodeaban, el producto de la mente calenturienta de un escritor desalmado. Ahora sabía también de lo falaz de su autoestima y de su fama. Jamás había resuelto ningún crimen: el detective y el asesino eran siempre el escritor. Pero en su mundo de sórdidas tramas solo él parecía tener conciencia de ello. Eso lo alivió. Viviría su vida como pudiese aunque fuese una vida figurada. Un secreto entre él y el autor. A menos que el autor, una vez más, lo traicionara.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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Un grano en el culo https://mmeida.com/un-grano-en-el-culo/ https://mmeida.com/un-grano-en-el-culo/#respond Sun, 21 May 2017 10:01:25 +0000 https://mmeida.com/?p=47938  
Por Manuel M. Almeida

De natural hipocondríaco. Solo eso. Ni siquiera voy a detenerme ahora en otros rasgos relevantes del sujeto...

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Por Manuel M. Almeida

De natural hipocondríaco. Solo eso. Ni siquiera voy a detenerme ahora en otros rasgos relevantes del sujeto, como su carácter solitario, su extrema timidez y su aversión al sexo, el amor, las letras o la política. A sí mismo. Sí merece ser destacado el hecho de que cada mañana se sometía a un minucioso chequeo. Se miraba la tensión, se examinaba la vista, se pesaba… en fin. Un pequeño escáner y una superapp a 9,99 euros que se había instalado en el móvil se encargaban de todo eso. Luego, ya como repaso final, se revisaba el cuerpo de abajo a arriba con la ayuda de una lupa y un espejo. Al principio no fue más que un diminuto punto gris azulado en una de sus nalgas. No se alarmó. Su piel había sido desde siempre un paisaje fértil, vivo, en constante ebullición. Producía lunares, verrugas, granos, espinillas… como quien produce saliva o sudor. Pero al poco el punto se fue ensanchando y luego mutando, primero en en una especie de grano, y luego en algo así como una verruga inspirada que se transformaba a cada instante. Dudaba entre si sería algún tipo de forúnculo exótico, pústula o herpes disparatados o un claro principio de melanoma. Acudió al dermatólogo. «Esto es algo que desconozco y que la medicina, con los medios actuales, no le va a poder curar». «¿Pero es benigno o maligno?». «¿Benigno, Maligno? Mejor haría usted en preguntar por el sexo antes de ponerle nombre». Con tan enigmática respuesta, volvió a su casa. Ni que decir tiene que, a partir de ese momento, el bulto se convirtió en el centro de su obsesivos reconocimientos. Cuando aquello alcanzó el tamaño de pera adulta y apariencia de feto, se vio obligado a permanecer en cama boca abajo. Solo unos meses después aquel otro ser que crecía sobre su epidermis era ya de su mismo tamaño. Eran como gemelos siameses unidos por la piel. El susto llegó cuando aquella forma avanzada de acné o lunar comenzó a hablar. Pero pasado el susto, lo cierto es que durante mucho tiempo le hizo compañía. Hablaban, discutían, reían juntos, lloraban. Hasta llegaron a las manos en alguna que otra pelea –sí, manos– del todo leve y esporádica. Pero la vida continúa. Y el hombre se percató de que llegado el punto en que el bulto parecía haber alcanzado su máxima longitud, él comenzaba a declinar. Se fue reduciendo poco a poco, en un proceso inverso al que había podido observar en el desarrollo de aquella imperfección gigante de aspecto humano que ahora permanecía tumbada en la cama, boca abajo, como él mismo hacía solo unos meses. Y el hombre menguó y menguó hasta acabar reducido a una especie de verruga, primero, grano después, y por fin a un diminuto punto gris azulado en una de las nalgas. El bulto resultó ser un sujeto optimista. Social, resuelto y apasionado del sexo, el amor, las letras o la política. Incluso de sí mismo. Pero eso sí, no todo iba a ser perfecto, con un grano en el culo que jamás pudo extirpar.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Un grano en el culo fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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El poeta loco https://mmeida.com/el-poeta-loco/ https://mmeida.com/el-poeta-loco/#respond Thu, 18 May 2017 19:36:11 +0000 https://mmeida.com/?p=47926  
Por Manuel M. Almeida

El poeta loco escribía versos imposibles. En un lenguaje propio tal vez inventado. Sospechaban que el hombre se hablaba con una amante muerta...

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Por Manuel M. Almeida

El poeta loco

El poeta loco escribía versos imposibles. En un lenguaje propio tal vez inventado.

lkdoixoi joiecu lsxoeix
pmoaseop lopoepos os ñsodpp
poe djd koosmjs kopsña
ñldñpfg djso eikjd

Sospechaban que el hombre se hablaba con una amante muerta, un espía distante o un ser de otro planeta en aquella especie de código extraño que nadie lograba descifrar. Hubo un tiempo en que el poeta usaba un lenguaje humano. Y era estimado. El poeta de todos. Referencia y orgullo local. Pero algún terrible mal lo había trastornado. No cabía duda. Nadie osaba preguntar. Se había vuelto gruñón e irascible. Se asomaba cada día a la ventana, a eso de las siete de la tarde, y profiriendo incoherentes gritos lanzaba decenas de hojas al aire con locos poemas impresos.

isues lsopqa´ dldisls
saodp saodp!!!
powepcor ac cmp
kfflsso
kfflsso
fdodps.

Tardaron años en comprender que el poeta no se había vuelto loco, sino ciego. Y que no daba ni una cuando se ponía frente al teclado. Le brindaron ayuda, pero él la rechazó airado: alguien le había dicho que se había convertido en un escritor de culto con miles de seguidores en WhatsApp.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Ilustración: El sombrerero loco, visto por John Tenniel

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Escenas #1 https://mmeida.com/escenas-1/ https://mmeida.com/escenas-1/#respond Tue, 16 May 2017 09:55:59 +0000 https://mmeida.com/?p=47915  
Por Manuel M. Almeida

¿Qué esperan dos hombres sentados en un banco de la avenida bajo la difusa luz de la tarde que se escabulle...?

Escenas #1 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

¿Qué esperan dos hombres sentados en un banco de la avenida bajo la difusa luz de la tarde que se escabulle, como se escabullen sus miradas del todo al suelo y las miradas furtivas de los transeúntes que fingen no verlos? El banco que está a diez metros de la cafetería iluminada ya a esas horas. De la que entran y salen individuos y parejas, sonrientes o circunspectos, que fingen no ver. Los hombres también fingen que no los ven. En realidad no están. Sus miradas nunca se cruzan, se repelen. La cafetería es el hogar pasajero de los que buscan calor y pueden pagárselo. En el banco no hay luz, sólo el halo frío de la tarde que expira. Los hombres beben agua de botellas de plástico casi vacías y rebuscan entre sus bolsas el medio bocadillo o la manzana. Quizá sean mendigos, o extranjeros. Su aspecto es descuidado y no se hablan. Miran al suelo, fuman y rebuscan entre sus cosas. A esas horas, los amantes aguardan con ansia el crepúsculo, los adolescentes se reúnen en plazas, esquinas y escaleras, los viejecitos se acuestan, los niños ultiman sus deberes o cenan soñando quizá con el sueño inmediato, los juegos de mañana, la gente se recuesta en sus sofás y se conecta a la tele o al PC o al móvil. Los artistas se dejan invadir por el instante y pergeñan bocetos preñados de naranja y púrpura, las tiendas cierran, el ruido cesa, la ciudad entera se dispone a hibernar. Yo paso en la guagua y los veo sentados, de espaldas, en un banco de la avenida. Pero, ¿qué piensan? ¿Qué esperan esos dos hombres en el gris de una calle gris de una ciudad gris que bosteza bajo la difusa luz de la tarde que declina? ¿La noche? ¿El próximo amanecer? A mí me da la impresión de que no esperan nada.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Escenas #1 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Ñiaaaaccc https://mmeida.com/niaaaaccc/ https://mmeida.com/niaaaaccc/#respond Mon, 15 May 2017 07:51:23 +0000 https://mmeida.com/?p=47908  
Por Manuel M. Almeida

Cada noche, al abrir la puerta, el mismo espanto. Y luego, al intentar dormir, el ruido del viento meciendo con mano invisible los goznes y la madera...

Ñiaaaaccc fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Cada noche, al abrir la puerta, el mismo espanto. Y luego, al intentar dormir, el ruido del viento meciendo con mano invisible los goznes y la madera. Aquel sonido estremecedor. Ñiaaaaccc. Ñiaaaaccc. La casa se había poblado de fantasmas, espectros inmundos que no le dejaban conciliar el sueño. Almas torturadas y quejumbrosas crujiendo al unísono con la puerta. Ñiaaaaccc. Ñiaaaaccc. Seres de ultratumba, demonios resabiados, espíritus recluidos. Ya podía abrir o cerrar los ojos, rendirse a la vigilia o refugiarse en el sueño que todo, todo era pesadilla. Por allí pasaron médiums, videntes, parapsicólogos, gurús, zahoríes, sacerdotes, santeros y exorcistas, unos con estrafalarias máquinas de manivela, lámparas y luces ultravioleta, otros con sahumerios y escapularios, péndulos, ingenios radiestéticos adaptados, patas de gallina, grabadoras, cámaras, detectores de ectoplasma, cruces, estacas… En vano. Ñiaaaaccc. Ñiaaaaccc. Ñiaaaaccc. Ñiaaaaccc. Día tras día. Mes tras mes. Año tras año. Hasta que un frío atardecer de invierno sintió una llamada, algo o alguien lo reclamaba desde la distancia como en un eco lejano, un murmullo gutural e indescifrable. Desesperado, siguió el rumor por calles y plazas, en sórdida penumbra, hasta darse de bruces con una ferretería. Allí, entre cajas de tuercas y testigos acerados, le fue amablemente revelado un antiguo secreto. Untó con aceite, atornilló lo desatornillado, ajustó lo desigualado, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del maestro ferretero. Y cuentan que a partir de esa noche el hombre pudo al fin descansar, pues no solo desapareció el maléfico ñiaaaaccc ñiaaaaccc sino, como por arte de sortilegio, toda la caterva de espantajos que otrora lo atormentaban.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Ñiaaaaccc fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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La mosca https://mmeida.com/la-mosca/ https://mmeida.com/la-mosca/#respond Wed, 10 May 2017 18:26:23 +0000 https://mmeida.com/?p=47902  
Por Manuel M. Almeida

Una imagen fija. El tipo siempre sentado en la puerta del garaje. Sucio y desaliñado. No pedía. Se limitaba a permanecer allí, sentado...

La mosca fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Una imagen fija. El tipo siempre sentado en la puerta del garaje. Sucio y desaliñado. No pedía. Se limitaba a permanecer allí, sentado, con su tetrabrik de vino blanco a un lado y su pila de cartones y cochambrosas mantas al otro. Su única ocupación del día consistía en espantar a la mosca. Literal. Una mosca en concreto. Nadie podría asegurar que fuese la misma. Pero o era la misma o se turnaban para atormentarlo. Por que era una. Una cada día. Una jodida mosca. Azul-verde metalizado. Enorme y ruidosa como un helicóptero de combate. El tipo se pasaba el día bregando con ella. Maldiciéndola en voz alta. Esgrimiendo servilletas, pañuelos, alambres, palos, lo que tuviese a mano para repelerla. Maldecía a la mosca y se maldecía a sí mismo. A su estado de abandono. A su olor. Al polvo que lo rodeaba. A la suciedad con la que convivía. Al alcohol. Pero la mosca… La mosca era su Voldemort, su gran rival, su tormento, su amenaza cotidiana. Así se pasaban el día. El tipo y la mosca. Al caer la noche, se establecía una especie de tregua. La mosca desaparecía y el hombre desplegaba sus mantas y sus cartones, y dormía hasta que clareaba la mañana. Todo cambió la noche en que se lo llevaron los servicios sociales. Una semana después retornó hecho un palmito. Bañadito, con el pelo cortado y afeitado. Ropa limpia, olor neutro. Dijo que ahora le permitían dormir en un albergue y que allí lo obligaban a ducharse y asearse cada mañana. Que estaba bien. Comía caliente y había comenzado a disminuir la ingesta de vino. Nadie entendió por qué regresó. Ni por qué siguió regresando día tras día a la puerta del garaje. Se sentaba y esperaba. Ahora se pasaba el día así. Melancólico. Mirando a un lado y a otro. Al cielo, al aire, a las esquinas, la basura, los rincones. Nadie entendía. Pero él sabía muy bien qué buscaba. La mosca. Aquella mosca que, de tanta refriega y tanto roce se le había metido en el alma. El tipo estaba allí por la mosca. Su mosca. Con el tiempo comenzó a llamarla. Hasta le puso nombre: Fabiola. ¡Fabiola! ¡Fabiola! ¡No me dejes, vuelve! ¡Ven, Fabiola! Comenzó a verter miel a su alrededor, a trocear comida. Comenzó a dejarse ir otra vez, a abandonarse. Volvieron el olor y el polvo, los tetrabriks y los cartones. Pero nunca volvió Fabiola. Y el tipo murió al poco. Allí mismo. En la puerta del garaje. Para unos de viejo, para otros de pesar y para lo más, de mero delirium. Tremens.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

La mosca fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Pabellón B. Celda 13 https://mmeida.com/pabellon-b-celda-13/ https://mmeida.com/pabellon-b-celda-13/#respond Thu, 04 May 2017 07:27:02 +0000 https://mmeida.com/?p=47892  
Por Manuel M. Almeida

Decía que no le hablaba, que no le respondía. Y yo no paraba de hablar. Se vuelven como sordos o autistas. No sé exactamente qué ocurre

Pabellón B. Celda 13 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Todo sucedió de forma muy lenta. Al principio sólo pude apreciarlo en la expresión irascible de mi hermana. Luego, como un virus zombi o una estrategia de posesión de cuerpos y almas ejecutada por seres de otro planeta, el mal se fue extendiendo, poco a poco, primero a mi círculo más cercano y luego, como una onda que se proyecta en el agua, a todo aquel con el que me relacionaba. Mi hermana llegó a llamarme idiota. Jamás se había dirigido a mí en esos términos. Decía que no le hablaba, que no le respondía. Y yo no paraba de hablar. Se vuelven como sordos o autistas. No sé exactamente qué ocurre ni cuál es el proceso. Pero los incapacita. Luego, mi madre. Mi esposa. Mis amigos más queridos, los del jueves en el bar y las tardes de domingo, comenzaron a mirarme con esa misma expresión turbada. El vecino, el sanitario, el de la ambulancia, el neurólogo, el psicólogo, el tipo que se quiso hacer pasar por psiquiatra. Todos se habían vuelto víctimas de aquel mal. En todos ellos, aquella especie de locura epidémica se fue manifestando de forma progresiva. No oyen ni escuchan. Se sitúan ante mí, me examinan y callan. Yo les hablo. Pero ellos no paran de pedir que les hable. ¿Y qué podía hacer yo? Quizá la única persona sana sobre la faz de la tierra. ¿Qué podía hacer más que hablar y hablar aunque todos me ignoraran? Así fue como sucumbí a la ofensiva. Con la cabeza bien alta. Quise huir, pero no pude. ¡Son tantos, y tan agresivos! Ahora, que sé que la civilización toca a su fin, permanezco en esta celda aislada a la espera del momento oportuno, la menor distracción o descuido, para escabullirme. Huir al monte o al mar. Y allí poder proseguir con este monólogo eterno que la humanidad contaminada es incapaz de escuchar.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Pabellón B. Celda 13 fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Etiquetas https://mmeida.com/etiquetas/ https://mmeida.com/etiquetas/#respond Wed, 03 May 2017 07:57:07 +0000 https://mmeida.com/?p=47884  
Por Manuel M. Almeida

No podía con el microrrelato. Por mucho que lo intentara, jamás le salían menos de once páginas. Comenzó una novela, pero no pudo pasar del primer párrafo.

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Por Manuel M. Almeida

No podía con el microrrelato. Por mucho que lo intentaba, jamás le salían menos de once páginas. Comenzó una novela, pero no pudo pasar del primer párrafo. Probó con el guión, pero pronto se percató de que aquello era teatro. Escribir un cuento le minaba la autoestima, pues a cada una o dos frases le asaltaba una rima.
Cuando acometía un poema,
era prosa y solo prosa
todo aquello que surgía
de su mente torturada.
¿Aforismo? ¡Oraciones complejas, descompuestas, descoordinadas e insubordinadas! Si escogía ficción, se sorprendía reflexionando sobre temas de actualidad; y si se daba al ensayo, todo era fantasía.

Un día probó a escribir sin más… ¡Y le supo!

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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Versos que escribí mañana https://mmeida.com/versos-escribi-manana/ https://mmeida.com/versos-escribi-manana/#respond Sun, 30 Apr 2017 09:22:35 +0000 https://mmeida.com/?p=47875  
Por Manuel M. Almeida

Como de ella le gustaba hasta el paisaje mañana saldrá descalzo a recorrerla, y si pudiese adivinarle alguna nube, sabría de ese mar...

Versos que escribí mañana fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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Por Manuel M. Almeida

Como de ella le gustaba hasta el paisaje
mañana saldrá descalzo a recorrerla,
y si pudiese adivinarle alguna nube,
sabría de ese mar:
a veces agua,
otras, espuma,
alga, sal, cangrejo, piedra.

Sale desnudo, escarba y repta,
trepó por montes heridos de cálida brisa:
seno, coseno, tangente,
duna, valle, río, delta.

Como de ella le gustaba hasta esa muerte
que insinuarán sus ojos de gacela
mañana salió dispuesto a inmolarse:
cuerpo, mar, dedo, tierra.

Versos que escribí mañana fue publicado originalmente en El Blog de Manuel M. Almeida

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