Nadie lo leía. Pero no dejaba de firmar sus textos con la © de copyright. Comenzó escribiendo trilogías. Luego se pasó a novelas de entre mil y cinco mil páginas. Más tarde giró hacia espesores más discretos. De ahí a la novela corta, y de esta al cuento, relato, microrrelato, tuitrelato, wasaprelato, aforismo y, ya por último, a la simple exclamación. Cuanto más ignorado se sentía, menos gastaba en palabras. Pero siempre siempre siempre estampaba en sus obras la © de copyright. (Ejemplos: «¡Bah! ©», «¡Eh! ©», «¡Uy! ©»). Con el tiempo prescindió incluso de la interjección. Ya solo escribía ©. La © le salía preciosa. Ya tenía maña. Nadie leyó jamás un texto suyo, pero dormía como un campeón sabiendo que, al menos, tampoco nadie se los robaba.

 

Un saludo,
Manuel M. Almeida ©

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