Tú y yo habitamos, aquí y ahora, el nudo de lo inevitable. El clímax de vete a saber qué proceso. Así, abrazados y tendidos sobre esta cama revuelta, somos personajes en tránsito urdidos por mente ajena, grafos imaginados que creen amarse en ese instante prestado, fugaz e impreciso, que va del planteamiento al desenlace.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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