Deben de haberle regalado por su cumpleaños o por Reyes ese reproductor mp3 Kailuoda 89mm big bass subwoofer altavoz bluetooth inalámbrico portátil, un engendro capaz de demoler el barrio desde sus cimientos a golpe de decibelios, pero como nadie parece haberle regalado nunca siquiera una muestra de civismo o de sentido común, el chico se cree con el derecho de compartir su consagración a la bulla con el resto del vecindario. Da igual la hora. Nadie sabe de dónde procede. Se le ve aparecer por lo alto de la escalinata que lleva al parque, deambular por las calles con el loro a cuestas, sentarse en cualquier esquina, banco o portal y permanecer inmóvil, moviendo el cuello rítmicamente al son de a cada cual más atronadora y salvaje cantinela. Soy un crack, debe pensar él, mientras da cuenta del contenido de una bolsa de snacks y piropea a las chicas que pasan espantadas a su vera. Cuando estima que ya le ha alegrado suficientemente el día a todo tímpano viviente en tres o cuatro kilómetros a la redonda, se incorpora, vuelve sobre sus pasos y se aleja, sube ágil las escalinatas del parque y desaparece por ella. Y siempre, siempre, siempre a ritmo de reguetón.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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