Era viernes, y como cada viernes tenía invitados. Los recibía a eso de las ocho. Se tomaban un aperitivo. Se sentaban a la mesa y departían alegremente durante unas horas. Política, deportes, economía, sucesos, ciencia, cultura… Luego pasaban a las copas. Y, si alguno o alguna se animaba, terminaban la fiesta con un buen baile. Por último, ya rendido, con los efluvios del alcohol y los vapores de la cena invitándolo a la cama, se despedía. Recogía la mesa vacía, ordenaba el salón ordenado y se acostaba. Todo esto lo hace Mario cada viernes. Sin abrir la puerta de su casa.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

2 Comentarios

  1. No me parece mal el rito llevado a cabo por Mario. ¿Porqué no? Nada tiene de malo si no se raya la paranoia.
    A veces es bueno departirte si no se tiene con quien hacerlo. ¿Cuantas cosas hacemos por no tener con quien compartirlas?… Reír, llorar, pasear, ir al cine, bailar, tener sexo y hasta hablar, sin que nada tenga que ver con haber perdido el juicio. El todo estará en ser consciente de cuando y porqué lo hacemos. Puede ser muy divertido…

    Saludos, Sari Figueroa

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