Se conocieron una tarde de invierno en el banco más apartado del viejo parque. Él la miraba con los ojos del hambre mientras ella devoraba un sándwich de mayonesa con berros. Congeniaron al instante. Bastó con que ella le lanzara un trozo de pan y le dibujara una sonrisa. Y que él correspondiera con dos o tres cabriolas payasas y desaforados lametones. Allí se veían cada tarde, más o menos a la misma hora. Ella traía dos sándwiches y algunas golosinas. Lo acariciaba, le daba de comer, jugaban y se divertían del modo en que suelen divertirse los perros y los humanos cuando se divierten juntos. Él nunca la seguía. El primer día amagó, pero ella le dejó claro con un gesto firme y una mirada que lo suyo iba a ser una sucesión de encuentros, nunca una relación formal, nada de convivencias. Lo llamaba Canelo, pero él respondía con mayor premura e interés a la voz de Sándwich. Una tarde no lo halló. Solía encontrarlo al llegar, tendido a un lado del banco, a la espera, las orejas tiesas como manecillas de reloj, marcando los segundos con su colita. Lo buscó por los alrededores. Preguntó a todo con el que se cruzó si había visto a un perro vagabundo, melenudo, medio cojo, bizco y desaliñado, de color oscuro tirando a café. Nadie había visto nada. ¡Canelo!, gritó. ¡Canelo!… ¡Sándwich! ¡Sándwich! El silencio del crepúsculo la estremeció y entonces supo que jamás regresaría. Ella tampoco volvió a pisar el viejo parque.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

4 Comentarios

  1. Qué histria tan entrañable, hermosa y triste a la vez.
    Me conmovió profundamente. Será por mi relación tan especial con los animales y los perros en particular…
    Gracias por este exelente relato, Manuel. Un placer, como siempre!
    Abrazo para vos!
    Lau.

  2. Es un relato conmovedor para quienes como yo tenemos una conexión muy especial con su mascota, a lo mejor por ser YO un solitario empedernido mi afinidad con mi perra de mas de 7 años, no necesito decir palabra para que ella me entienda, sabe interpretar mi estado de animo, mi tristezas y mis alegrías, ella siempre esta ahí….es por eso que me conmovió tu relato manual….muchas gracias desde Monterrey Mexico..por esas cosas buenas que encuentra en las webs.

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