Se levantó muy temprano. Mensaje en el móvil. Trump. Echó un vistazo al ordenador. Trump. Trump. Trump. Salió a la calle. Se respiraba un denso aroma a Trump. Entró en el bar. Pidió su bocadillo y su cortado. ¿Trump?, preguntó el camarero. Trump, corearon las mesas. Entró en la oficina. Trump. Recibió una llamada. Trump. Un fax. ¿Has visto lo de Trump? Regresó a casa. Encendió el televisor. Truuuuuuump. Trummmp. Trrrrrrump. Tramp. Trump. Si se acercaba al smartphone, Trump. Si entraba en Facebook, Trump. Guasap de Mariela. Jo, Trump. Salió a correr. Hasta las bocinas de los coches parecían gritar ¡¡Trump!! Se dio una ducha. Dos.. Tres. Bendita ducha antiTrump. Quedó con los amigos. Trump. Trump. Trump. Trump. Trump. Se despidió pronto. Se acostó temprano. Quería que acabase de una vez aquella pesadilla. Al despertar, Trump seguía allí.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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