Dicen que más allá, a lo lejos, tras la Vaguada del Macho, al poco de huir la noche, al bueno de Echeyde Muñoz se le trifurcó el sendero. Y que el hombre, turbado en la angustia de su éxodo, optó por tomar las tres veredas al mismo tiempo. Por la primera acababa siempre retornando, una y otra vez, al punto de partida. Así estuvo días, semanas, meses. Siempre huyendo y siempre retornando. Dicen que se ofuscó, repitiendo el itinerario sin descanso, los pies rotos y la piel hecha jirones por el calor y el siroco, hasta perder la cabeza. El segundo camino lo llevó a un pago desconocido al que los naturales llamaban Garagüimes, y que tan calcado era en forma y fondo al antiguo Tesejiraque que pronto entendió Echeyde que allí no podría emprender vida nueva alguna. Indignado, adoptó el nombre de Prudencio y se dedicó a advertir a los paisanos de las muchas calamidades que estaban condenados a padecer si repetían, como estaban repitiendo, los errores que se cometieron allí de donde él procedía. Dicen que pasó unos pocos años en ese pueblo hasta que se vio obligado a huir, hostigado por la Hacienda, las burlas y las amenazas de los armados. Que luego se topó con otro caserío, Tejímar, y lo mismo. Luego Arajo, y otros, Tuiseco, Valvillo, Agaesora… y en todos exactamente igual, y que así sigue desde entonces, pueblo tras pueblo, como si el planeta entero fuese una réplica del viejo Tesejiraque. Y que en el tercero de los caminos Echeyde vislumbró, allá en el horizonte, una tierra hermosa y fértil, de gente afable y generosa, preñada de armonía, una tierra-tierra, con su días y con su noches. Tierra mágica también, pues cada vez que Echeyde creía alcanzarla, se desvanecía como el humo para resurgir, al instante, anclada a un nuevo horizonte. Que Echeyde supo entonces que el camino lo conducía a un sueño, que esa tierra prodigiosa no era más que una ilusión, una bella ilusión sin retorno, y que aún hoy continúa vagando por el brumoso sendero en pos de esa tierra imposible. Por tanto, dicen, Echeyde deambula desde aquel día por tres veredas, uno y trino, trastornado, perseguido y obstinado. Yo no me creo nada, en estos tiempos convulsos la gente inventa ya cualquier cosa. A Echeyde, el maestro, lo recuerdo como un hombre despierto, apostado en la plaza cada tarde tras las clases, encandilando con sus relatos y versos, teorías cuánticas y experimentos de laboratorio a la famélica chiquillería.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Manuel M. Almeida (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) es periodista y escritor. Ha publicado las novelas ‘Tres en raya’ (1998, Alba Editorial) –finalista del Premio Internacional Alba/Editorial Prensa Canaria, 1997– y ‘Evanescencia’ (Mercurio Editorial, 2017), así como las plaquettes de microrrelatos ‘El líder de las alcantarillas’ (Amazon, 2016) y ‘Cuentos mínimos’ (Mercurio Editorial, 2017), además de poesía y narrativa recogida en su blog mmeida.com, redes sociales, revistas y periódicos. De 2004 a 2014 mantuvo el blog mangaverdes.es, con el que cosechó seis premios internacionales, entre ellos al Mejor Comunicador en Internet (Asociación de Usuarios de Internet, 2010). Como periodista ha trabajado en ‘La Gaceta de Las Palmas’, ‘La Provincia’, revista ‘Anarda’, ‘La Tribuna de Canarias’, ‘El Mundo/La Gaceta de Canarias’ o ‘Canarias7’, ejerciendo en los tres últimos el puesto de subdirector. Ha publicado dos trabajos discográficos como cantautor, ‘Nueva semilla’ (Diva Records, 1990) y ‘En movimiento’ (Chistera, 1992). (+ info).

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