Concluyó la última línea y dató el mensaje. Pronto se percató de que había escrito mal la fecha. 28 de abril de 2016. Eliminó el último carácter. Golpeó una sola tecla con el pulgar. 7. 28 de abril de 2017. Sonrió. ¿Dónde tendría la cabeza? Se levantó. Era aún muy temprano. Salió a la calle. Observó su coche. No se habría sorprendido de la abolladura en el parachoques si no fuera porque ya lo había reparado. Diez meses atrás. Miró a su alrededor, el tamaño, la frondosidad de los árboles que salpicaban la acera. El hipermercado, inaugurado hacía solo unos días, no estaba allí. Sacó su smartphone. Consultó el calendario. 28 de abril de 2016. Se alarmó. Comenzó a tiritar. Quiso llamar a Teresa. Pero desistió. Era muy temprano. Qué más daba. Buscó su número entre los contactos. No lo halló. Se conocieron el último octubre, recordó. Volvió a casa. Encendió el ordenador. Miró las cabeceras de los diarios. 28 de abril de 2016. Se desvistió. Se tendió en la cama y se arrebujó bajo las sábanas, aterrado. Sí, es muy temprano, se dijo. Demasiado temprano. Se dejó vencer por el sueño. Y durmió del tirón todo un año.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

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