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Las Canteras, sala de arte

Playa de Las Canteras. Tramo entre Playa Chica y Peña La Vieja. Un número indeterminado de artistas de la naturaleza ha ido pergeñando lentamente, día tras día, década tras década, una serie de cuadros de casual e inacabada, pero poderosa belleza. Entre ellos se encuentran grandes urdidores de la materia como Brisa, Oleaje, Humedad, Hongo, Alga, Moho, Sal, Bacteria, Líquen, Musgo, Grieta o Arena. Las texturas son formidables, labradas al picómetro sobre el descuidado lienzo que constituye el muro del paseo, desde la economía cromática del ocre y la ceniza volcán al intenso verde talófito o los luminosos azules desconchados. Una inopinada manifestación plástica que, en mi irrelevante pero emocionada opinión, poco tendría que envidiar a cualquier obra cumbre del expresionismo abstracto. La exposición es abierta y permanente, aunque puede apreciarse y fotografiarse mucho mejor –y esto lo digo con conocimiento de causa– en las apacibles horas de la bajamar, especialmente si estimas en algo tu cámara.

Textura #5more
Textura #6more
Textura #9more
Textura #8more
Textura #7more
Textura #2more
Textura #3more
Textura #4more

Contraplano:

Hallábame en plena toma de imágenes, agobiado por la inminente subida de la marea con las olas besándome ya las cholas y los pies, y salpicando peligrosamente muy cerca del iPhone, cuando vi surgir de improviso una figura de mujer de avanzada edad sobre el paseo.

– ¿Es para el periódico? Sí, mi niño, saca fotos. A ver si se enteran. Este muro se cae cualquier día, y el alcalde, nada. Saca muchas fotos y publícalas, mi niño. Esto está que da pena. A ver si les da vergüenza.

No tuve tiempo de decirle nada a la mujer. Por ejemplo que no trabajaba para ningún periódico. Pero dada su celeridad, deduje que eso a ella, en realidad, era lo que menos le importaba. Vi desaparecer su figura como mismo apareció, al igual que el eco de su voz –«el periódico», «mi niño», «vergüenza»– segundos después. Dejo constancia aquí del encuentro y de la denuncia, no vaya a decirse que uno, siendo quien es, va a despreciar ahora eso del periodismo ciudadano. Pero, sin quitar ni poner razones, debo confesar que mi primera reacción tras la inesperada diatriba fue más lírica que de protesta: El arte, pensé, el arte siempre fue, es y será un gran incomprendido.

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► Actualización (19.08.16 – 13.41 h): Muchas gracias al equipo de miplayadelascanteras.com por compartir este post en su fantástica web.

► Actualización (07.09.16 – 11.28 h): Casualidad o no, lo cierto es que unas semanas después de publicar el post descubro a un operario en Playa Chica bregando con el grafiti natural, borrando toda huella de forma, textura y color para dejar el muro limpio como una patena. La airada señora del paseo debe de estar contenta. Yo me debato entre la contrariedad por la fugacidad de tan magna manifestación estética y la certeza de que, al fin y al cabo, ese muro impoluto no deja de ser un nuevo lienzo en blanco (en crema, para ser rigurosos) que volvemos a brindarles a los infatigables elementos creativos de la naturaleza.

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