Una mujer sin rostro
avanza herida
bajo la pálida luna
de cualquier milenio.
Avanza herida,
mas firme y resuelta,
sobre un reguero infinito
de huellas de mujer.
Y de su herida brota
otra mujer herida:
una mujer sin rostro
que avanza resuelta
bajo la pálida luna
de todo milenio,
otra mujer herida,
insumisa e indómita,
sobre un reguero infinito
de sueños de mujer.

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