La primera vez que la vio perdió la voz y ya no fue capaz de recuperarla. Tal fue la impresión. Como no podía hablarle, decidió enamorarla con señas. Pensaba en su fuero interno que quizá estuviese protagonizando un cuento de hadas. Que si lograba que ella sintiera lo mismo por él y lo besaba, un beso sincero de amor, su mudez desaparecía. Y ella se enamoró. Y un atardecer de verano, en el que ambos contemplaban sentados sobre la arena de la playa la última luz sobre el horizonte, él se llevó un dedo a los labios. Ella lo besó. Se fundieron en un beso profundo y sincero que les sacudió el alma. Él no recuperó la voz… Y a ella se le olvidaron todas las palabras.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Foto: Aditya Rakhman

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