El poeta loco

El poeta loco escribía versos imposibles. En un lenguaje propio tal vez inventado.

lkdoixoi joiecu lsxoeix
pmoaseop lopoepos os ñsodpp
poe djd koosmjs kopsña
ñldñpfg djso eikjd

Sospechaban que el hombre se hablaba con una amante muerta, un espía distante o un ser de otro planeta en aquella especie de código extraño que nadie lograba descifrar. Hubo un tiempo en que el poeta usaba un lenguaje humano. Y era estimado. El poeta de todos. Referencia y orgullo local. Pero algún terrible mal lo había trastornado. No cabía duda. Nadie osaba preguntar. Se había vuelto gruñón e irascible. Se asomaba cada día a la ventana, a eso de las siete de la tarde, y profiriendo incoherentes gritos lanzaba decenas de hojas al aire con locos poemas impresos.

isues lsopqa´ dldisls
saodp saodp!!!
powepcor ac cmp
kfflsso
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fdodps.

Tardaron años en comprender que el poeta no se había vuelto loco, sino ciego. Y que no daba ni una cuando se ponía frente al teclado. Le brindaron ayuda, pero él la rechazó airado: alguien le había dicho que se había convertido en un escritor de culto con miles de seguidores en WhatsApp.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Ilustración: El sombrerero loco, visto por John Tenniel

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