El cuentacuentos llega al pueblo. Se detiene en la plaza. Monta la tarima y se sienta sobre una vieja silla desvencijada. Comienza a narrar. La historia de la princesa Malva. Otra. El niño que todo sabía. Una más. El pez que se alimentaba de versos. Insiste. El búho mecánico. Ni un alma. Mira a su alrededor. Nadie en la calle. Nadie en las casas. Ni un sonido. Ni un movimiento. Eleva los ojos hacia un cielo poblado de nubes. Maldice al creador. Corte de mangas. Guarda la silla. Desmonta la tarima. Abandona la plaza. Sale el pueblo. No aguanta más… Se muda a otro relato.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Imagen:El embovedado‘, de López Mezquita

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