Veinte minutos para la medianoche. Todo listo. En la terraza. Las uvas en un platito, el gorrito de cartón, el matasuegras, la televisión a tope, el cava, la copa, el smartphone recién cargado. Era el quinto año que celebraba la fiesta a solas, en casa. Tres navidades ya desde lo de Manuela. ¿A dónde iba a ir él? Quince minutos. Un sobresalto. ¡No había contado las uvas! Ya le había pasado una vez. Las compraba en lata, ya peladas y despepadas. Justo doce. Aquella vez no las contó. Y ya demasiado tarde descubrió que sólo había once. Le faltó una campanada. Lo arregló con una almendra. Pero hoy no le volvería a pasar. Abajo, el murmullo festivo era ensordecedor. Cogió el platito y se asomó. Comenzó a contar, separando una a una las pequeñas bayas. Una. Dos. Tres. Cuatro. Un ojo puesto en la fruta y el otro en el tumulto. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Un golpe de viento. Un ídem de tos. Y un dedo índice descontrolado que catapulta la novena uva al otro lado de la terraza. Sobre el muro. Al borde del muro. Deja el platito en la mesa. Se aproxima lentamente. La uva se balancea. Se balancea. Se balancea. Hasta que se deja caer alentada por una mínima ráfaga de aire. Recuento. Once. ¡Maldita sea! ¿Qué hacer? ¡No hay tiempo! No discurre. No medita. Baja corriendo a la calle. No aguarda ni al ascensor. Busca una uva. Bajo su fachada, a codazos, a gatas, a tientas. Pisada, aplastada, embarrada, contaminada. ¡Qué más da! Cinco minutos. La calle es una verbena. Ahí está. Un milagro. Parece sana, intacta. Hay que darse prisa. Pero… ¿qué? Se detiene. Una mujer se le adelanta. «Perdón, eh, es mía», advierte él. «¿Suya?». «Sí, la uva. Es mía«. La mujer no da crédito. «¿Esta uva es suya?». «Se me acaba de caer de la terraza». «¿En serio?». La mujer mira hacia arriba, no ve a nadie, vuelve la vista hacia nuestro hombre y se parte de risa. Un minuto para las doce. La mujer no cesa de reír. Retumban los carrillones. «También yo ando sola», balbuce. Se coloca la uva entre los labios. «¡Señorita!». Suena la primera campanada. La desconocida-con-uva-entre-los-labios lo besa. Una y once veces más. En la terraza, otras once uvas esperan.

Otros títulos que quizá sopesé: Mala uva, A por uvas, Le dieron las uvas y De uvas a brevas 😉

¡Feliz 2017!

Un saludo,
Manuel M. Almeida

Manuel M. Almeida (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) es periodista y escritor. Ha publicado las novelas 'Tres en raya' (1998, Alba Editorial) –finalista del Premio Internacional Alba/Editorial Prensa Canaria, 1997– y 'Evanescencia' (Mercurio Editorial, 2017), así como las plaquettes de microrrelatos 'El líder de las alcantarillas' (Amazon, 2016) y 'Cuentos mínimos' (Mercurio Editorial, 2017), además de poesía y narrativa recogida en su blog mmeida.com, redes sociales, revistas y periódicos. De 2004 a 2014 mantuvo el blog mangaverdes.es, con el que cosechó seis premios internacionales, entre ellos al Mejor Comunicador en Internet (Asociación de Usuarios de Internet, 2010). Como periodista ha trabajado en 'La Gaceta de Las Palmas', 'La Provincia', revista 'Anarda', 'La Tribuna de Canarias', 'El Mundo/La Gaceta de Canarias' o 'Canarias7', ejerciendo en los tres últimos el puesto de subdirector. Ha publicado dos trabajos discográficos como cantautor, 'Nueva semilla' (Diva Records, 1990) y 'En movimiento' (Chistera, 1992). (+ info).

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