Da igual lo que plante: siempre le crecen calabazas. Si siembra coles, calabazas; si cultiva orégano, calabazas; si plátanos, papas, fresas, césped, flores, tunos… siempre, siempre, calabazas. Ya puede hurgar a fondo en tiendas especializadas y mercados agropecuarios, ya puede hacerse enviar semillas exóticas y variadas desde los lugares más recónditos del planeta; ya puede contratar al mejor de los botánicos o al más capaz de los ingenieros agrónomos, tirar de injertos, investigar, fumigar, recurrir a la ingeniería genética… Da exactamente igual: a él sólo le crecen calabazas. Hubiese querido ser florista o silvicultor, de niño soñaba con interminables campos de moras, lechugas o lavanda, a veces se ve como potentado tabacalero o productor clandestino: cannabis, semilla del diablo, coca… ¡Qué más da! Naranjas, nísperos, zanahorias, aguacates, rosas, tomates, hongos, cactus… Horticultor ecléctico, ¿por qué no?, también, quizá… ¡El campo ofrece tantas posibilidades! Pero ahí sigue él, después de años y años de intentos baldíos, rodeado de calabazas. Hermosas calabazas. ¿Calabacero, calabacista, calabaceador, calabacicultor, calabacerante? Sin saber siquiera cómo hacerse llamar. Pero creo que considerando seriamente ya la posibilidad de admitir que lo suyo, sí, van a ser las calabazas.

Un saludo,
Manuel M. Almeida

2 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here