E

l primer intento de investidura de Pedro Sánchez es historia. El candidato socialista ha caído víctima de su propia estrategia de hechos consumados, pretendiendo forzar en la sesión de investidura lo que pudo y no quiso negociar en los despachos, es decir el apoyo de la izquierda a su designación como presidente.

Hechos consumados contra negociación. Pactar primero con una formación, de espaldas al resto de posibles socios, y luego intentar que éstos se sumen al acuerdo a dos bandas es una maniobra torpe y desconsiderada que sólo podía tener como desenlace el que ha sido, esto es, el más estrepitoso de los fracasos. 130 síes frente a 219 noes. Hechos consumidos, más que consumados. Y para el viernes no se prevé nada mejor.

Volvemos, pues, a la casilla de salida, los mismos jugadores. Un Rajoy amortizado y aislado –y con él, todo el Partido Popular–, un Sánchez atrapado por las urgencias –no sólo está en juego la presidencia del Gobierno, sino su liderato entre los socialistas–, un Albert Rivera nebuloso y oportunista –capaz de defender lo mismo y lo contrario– y un Pablo Iglesias desbocado –impulsado por el resultado electoral–, pero reo de sus líneas rojas, de su mínimo de máximos.

A la vista, en teoría, las mismas dos jugadas: gran coalición (PP-PSOE-C’s) o gran pacto de izquierdas. Pero, en la práctica, tanto una como otra imposibles porque el PSOE, pieza angular en cualquiera de estas alianzas, no quiere oír hablar ni del PP ni de nada que suene a consulta o independencia.

¿Callejón sin salida? Rajoy, con su renuncia, y Sánchez y Rivera, con su malograda propuesta, han consumido su turno. Le toca mover a la izquierda. ¿Qué opciones se le presentan? Descartado el gran pacto que incluiría a ERC y Democràcia i Llibertat, sólo le queda una apuesta factible. La refundación de este fallido pacto por el cambio, es decir una negociación sincera y abierta, sentados juntos alrededor de una mesa, entre PSOE, Podemos, mareas, Unidad Popular y Ciudadanos para una legislatura de progreso. 201 escaños.

Sólo si se produjera un acercamiento entre PSOE y Democràcia i Llibertat podríamos barajar una segunda opción, la que resultaría de una alianza entre socialistas, el bloque Podemos-En Comú Podem-Compromís-En Marea (en adelante, Podemos), Unidad Popular, Coalición Canaria, PNV y DL (176 escaños), justita, pero suficiente. Pero esto, a día de hoy es también una opción remota, virtualmente imposible, un ejercicio de política ficción.

Para la izquierda comprometida con el progreso social se trata, pues, de ensayar un renovado pacto por el cambio o jugárselo todo a los dados de unas nuevas elecciones. Unas elecciones de las que nadie está en disposición de garantizar nada, que podrían deparar un escenario semejante o incluso peor que el actual. Bien está que se batalle para intentar reflejar en un acuerdo el mayor número de conquistas sociales, eso es lo que se ha venido haciendo y eso es lo que debe hacerse, incluso con mayor intensidad, a partir del próximo lunes. Pero, cuidado, más allá de eslóganes y análisis exaltados, no es lo mismo una opción que otra.

Los matices son importantes en política, sobre todo para quienes tienen que soportarlos, es decir la ciudadanía. Facilitar por exceso o por defecto una nueva legislatura de derechas sería un error histórico que pasaría factura a sus responsables. Es preciso un pacto, un pacto suficiente, lo más progresista posible, que inicie el proceso de transformación, pero un pacto; aunque para eso sea preciso renunciar a algún –o algunos– que otro máximo.

Lo que está en juego, la posibilidad de articular un Gobierno de cambio que corrija los estropicios del Partido Popular y avance en una senda de progreso, es demasiado importante como para arriesgarlo. Facilitar otros cuatro años del Gobierno del PP sería la mayor torpeza e irresponsabilidad que podría cometer la izquierda social. Y digo izquierda social porque la prioridad es precisamente ésa, la gente, la pobreza, la dependencia, la violencia de género, los desahucios, el paro, derechos y libertades… La única línea roja innegociable es la renuncia a impulsar un proceso de cambio. Y esa ficha, la que puede propiciar ese impulso, la tienen Podemos y Unidad Popular en sus manos.

1 comentario Le toca mover a la izquierda

  1. A de la Cruz

    LLamar izquierda social a todo ese conglomerado, ya es un buen ejercicio, pero claro ante los dogmatismos no ha imposibles.
    Facilitar otros cuatro años de gobierno de progreso ( porque si, progreso es salir de una crisis económica con un país a punto de rescate, creando miles de puestos de trabajo, mejorables por supuesto), no es opción para una izquierda.
    En fin Sr. Almeida, que la ideología lo puede justificar todo, pero no hace que crezca la hierba.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *