"La gente todavía se aferra a la idea de la fotografía como un medio objetivo o neutral que capta una verdad compartida. No hay nada remotamente objetivo en fotografía".

El postprocesado de imágenes ha sido siempre un tema tabú en el ámbito del periodismo gráfico, y se está convirtiendo en todo un debate en un momento en el que la revolución tecnológica pone a disposición del fotógrafo todo un universo de posibilidades en áreas como el retoque o los efectos. Tradicionalmente, se acepta apenas la aplicación de algunos ajustes básicos: niveles, contraste, pequeñas correcciones de color… Y poco –o nada– más. Cualquier incursión más allá es considerada una manipulación que pone en duda la ‘objetividad’ de la escena.

En nuestros días, parece ya aceptado de forma general que el periodismo no es –no puede– ser neutral (aunque ha de ser necesariamente veraz). Sin embargo, se continúa considerando al fotoperiodista como un auténtico notario gráfico, imparcial, de la realidad. ¿Pero es esto así? ¿Es el fotoperiodismo objetivo, neutro? ¿Realmente el uso de filtros atentaría contra la ‘verdad’ que se supone debe transmitir cada instantánea? Eso precisamente es lo que viene a poner en duda la veterana fotoperiodista Nina Bernan, en un interesante artículo en Columbia Magazine.

Berman dice que la imagen del reportero gráfico enviado a zonas remotas para documentar guerras o desastres sólo es aplicable hoy a un pequeño puñado de profesionales. Los mejores fotoperiodistas del siglo XXI, entiende, ejercen más de antropólogos o artistas y, aunque muchos siguen trabajando para medios de comunicación, cada vez más están relacionados con ONG, fundaciones y la actividad en las redes sociales, difuminando los límites entre periodismo y activismo. Todo esto en un panorama en el que las imágenes de actualidad provienen de plataformas como Twitter o Instagram y de ciudadanos, bloggers o periodistas gráficos locales.

Nada en fotoperiodismo es neutral, defiende la autora:

"¿Dónde estoy, cómo he llegado aquí, hacia dónde dirijo el objetivo, cómo encuadro, qué exposición aplico? ¿Qué factores personales y culturales influyen en estas decisiones? Todo es intensamente subjetivo
".

En esta tesitura, ¿qué daño puede hacer a la ‘verdad’ el uso de efectos y el retoque digital? En fotoperiodismo también hay tendencias de estilo, afirma, y cada vez más asistimos a la aceptación de corrientes expresivas en en este campo. La fotografía de prensa ya no muere en el periódico: salta a las redes y son ‘carne’ de salas de exposición o de impresiones artísticas.

Berman está convencida de que los nuevos enfoques visuales y el aprovechamiento de los nuevos recursos pueden acabar con las narrativas predecibles, que esa nueva visión es el futuro de la narración. No estamos hablando, evidentemente, de ejercicios tan toscos y fraudulentos como el hacer aparecer o desaparecer personas de una escena, de ‘derribar’ edificios intactos ni de mejorar la línea o el rostro de algún famoso. Hablamos más bien de una nueva dimensión del fotoperiodismo que hace uso de los últimos avances tecnológicos para ponerlos al servicio de una información y de un relato adaptados a las exigencias del nuevo milenio.

Un debate sin duda apasionante y decididamente polémico, pero enriquecedor y absolutamente necesario. ¿Qué niveles de edición aceptarías en el fotoperiodismo? ¿Qué límites pondrías al retoque y al uso de efectos en la imagen periodística?

Imagen:Homeland #3‘, por Nina Bernan

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