Un buen producto periodístico se caracteriza, sobre todo, por lo impecable de la exposición y la capacidad para captar la atención y generar respuesta: impacto, reflexión, reacción, debate, polémica. Eso es común a cualquier creación periodística, sea del género que sea, a lo que tendremos que añadir, para cada uno de ellos, las que les son inherentes: rigor, investigación, datos, testimonio, documentación, enfoque…

Operación Palace‘, el programa de Jordi Évole emitido la noche del pasado domingo, es periodismo. ¿Pero qué tipo de periodismo? Periodismo de ficción, con mayúsculas, un subgénero que, a pesar de lo poco explorado y de suponer, en apariencia, una negación de la ‘materia prima’ del periodismo –la verdad–, existe, más allá de su recurrente acepción peyorativa, y cuenta con obras que forman parte ya de la historia de la comunicación. Y, aunque a primera vista pudiera parecer que su objetivo es entretener, lo cierto es que puede constituir también una valiosa vía para la denuncia y la sacudida de conciencias.

Un género que, para diferenciarse del ‘periodismo fraudulento‘, perversión con la que se le suele confundir, además debe ser honesto, informando fehacientemente de su carácter fabulador; y que, para ser efectivo, ha de edificar su trama incorporando elementos que, a priori, no le son exigibles, aquellos que caracterizan a los géneros ‘grandes’ del periodismo entregado a la ‘verdad’: rigor, contraste, documentación, investigación, enfoque argumental…

‘Operación Palace’ reúne todos estos requisitos. Su manufactura es excelente y, desde luego, ha generado respuesta. Ha logrado un enorme impacto y provocado reflexión, debate y polémica. Entretiene y sacude conciencias, denunciando el secretismo que rodea al 23-F y el hurto que se le ha hecho a la ciudadanía del conocimiento efectivo de los hechos más graves de su historia reciente. Ha sido honesto –advirtiendo al final de la ficción– y en sus tripas puede vislumbrarse un magistral ejercicio de rigor, contraste, documentación e investigación aplicados, eso sí, a un enfoque argumental imaginario.

Un cóctel de originalidad, producción y puesta en escena que, como remate, se tradujo en un extraordinario índice de audiencia.

Comencé a ver el programa ya iniciado, puede que cinco o seis minutos después, y confieso que en los primeros instantes mi reacción fue de la perplejidad a la tímida indignación por la remota posibilidad de que todo aquel entramado golpista no fuese más que un montaje. Pero, a medida que transcurría la ‘cinta’, la broma se hacía patente. No fueron pocos los guiños intercalados –como la impagable aparición de José Luis Garci en la escena en la que Tejero se despide de sus subordinados a las puertas del Congreso o el incidente a gritos protagonizado por Fraga “posiblemente porque quería ir a comer”– o las exageraciones imposibles de digerir, dentro de un guión perfectamente hilado para una historia imposible, pero del todo verosímil.

Desde aquel 23 de febrero de 1981 hasta hoy he leído, visto y escuchado todo tipo de versiones acerca de la trama, unas más o menos interesantes y, las más, risibles o delirantes. Ésta de Évole me ha parecido la más elaborada, fresca, divertida… y reivindicativa de todas ellas.

Salvados‘ ha supuesto un soplo de aire nuevo para el periodismo hecho en España. ‘Operación Palace’ ha demostrado que, también en periodismo, la imaginación y la creatividad pueden ser armas muy poderosas para poner en evidencia situaciones intolerables, como el profundo déficit de transparencia del que, aun hoy día, hace gala el Estado español.

Por todo lo dicho, este nuevo experimento de Évole me parece un buen producto periodístico. Por plantemiento, riesgo, elaboración, ejecución y respuesta. Porque, dando rienda suelta a la ficción, ha conseguido que hoy todos volvamos a preguntarnos: ¿conoceremos algún día la verdad? Y eso, la búsqueda de la verdad, es lo que distingue, dicen, al buen del mal periodismo.

Impagable.

1 comentario ‘Operación Palace’, periodismo ficción con mayúsculas

  1. Pelayo Martín

    Lo reconozco. Me gustó el “Operación Palace” de Jordi Évole…

    Pero me habría gustado más si no formara parte de una de las mayores (si no la mayor) operaciones de manipulación de masas de toda la democracia.

    … Si no se tratara de una oportuna cortina de humo sobre la persona de un rey herido y encantado de intercambiar su deteriorada imagen pública por la de un monarca campechano-bobalicón… un rey, que incluso en alguno de los mundos de Évole podría haber llegado a ser el salvador de nuestras libertades.

    … Si no falseara la realidad para hacernos creer que, aparte de la documentación clasificada, no existen suficientes pruebas objetivas y materiales para demostrar la verdad sobre el 23-F.

    … Si no olvidase el bueno de Jordi que cuando Orson Wells pone de puntillas a sus oyentes con su “Guerra de los mundos”, los pobres marcianos no son la casta de enloquecidos monarcas que abrazados a un crucifijo y creyéndose elegidos por el mismo dios, gobiernan este país desde hace siglos medrando, robando, y conspirando para provocar alguna que otra guerra civil, para cortar de raíz todo intento de hacer de España un país más justo y más libre de lo que conviene en cada momento.

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