Seguridad a cambio de libertad? Es ésta una oferta tan falaz como peligrosa, si tenemos en cuenta que respuestas afirmativas a esta cuestión han dado pie a muchas de las mayores atrocidades cometidas contra la humanidad a lo largo de la historia. En nombre de la seguridad, ungidos contra el ‘caos’ y la ‘anarquía’, suelen presentarse aquellos que, en realidad, sólo utilizan la excusa del miedo para imponer su voluntad sobre la mayoría, secuestrar derechos e implantar o perpetuar su autoridad.

Una constante presente en prácticamente la totalidad de los accesos ilegítimos al poder, o en los legítimos y luego desvirtuados, y que aún hoy sigue amenazando incluso a las democracias más avanzadas, como bien demuestra el que viene a ser quizá el ejemplo paradigmático de este ‘tic’ autoritario en la escena contemporánea en el marco de una democracia occidental: el brutal recorte de libertades impuesto por la Administración Bush en EEUU tras los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas.

El pasado domingo, a la vez que se celebraba la gran manifestación de París en defensa de la libertad de expresión tras los asesinatos que tuvieron su epicentro en el atentado contra la redacción de la revista de humor ‘Charlie Hebdo‘, tuiteros como Daniel Wickham ponían el dedo en la llaga señalando la contradicción que suponía la presencia de numerosos dirigentes internacionales –hasta un total de 20– que, de una u otra forma, se han caracterizado por la persecución de la libertad de expresión en sus respectivos países en una movilización… ¡por la libertad de expresión!

Y no sólo exponía las aberraciones de dirigentes de países caracterizados por su dudosa simpatía por los derechos humanos: Israel, Jordania, Turquía, Malí, Catar o Baréin, por citar sólo algunos, sino también de estados mucho más ‘progresistas’ como el propio EEUU, Reino Unido, Grecia, Irlanda, Bulgaria, Rusia o Polonia, entre otros. Wickham no incluía al presidente español Mariano Rajoy, seguramente porque no tenía conocimiento de la existencia, por ejemplo, de textos como la denominada ‘Ley Mordaza‘, Ley Sinde-Wert o ‘la ley más estúpida del mundo‘. Y no es sólo Wickham, esta ‘lista de las contradicciones’ aparece ya en numerosos medios y webs.

En ese mismo marco, un París en pie de paz clamando por las libertades, y un poco antes del inicio de la manifestación, se daba a conocer el acuerdo de los 11 ministros de Interior de la Unión Europea, con el añadido del fiscal general estadounidense, para proponer nuevas acciones de lucha contra el terrorismo, entre ellas la creación de un superfichero de los pasajeros de líneas aéreas, la revisión del Acuerdo de Schengen y, por descontado, un mayor ‘control’ de Internet. Oh, Internet, origen y fin de todos los males…

Lo cierto es que, en principio, no son más que propuestas que deberán ser estudiadas y discutidas formalmente el próximo 18 de febrero, por lo que aún no sabemos el verdadero alcance de las mismas, pero a tenor de la ‘lista de contradicciones’ en materia de libertad de exopresión que proporcionaba Wickham y de propuestas anteriores, como las que ya efectuaron Francia y España en su momento, no creo que debamos esperar nada bueno.

Si algo fue el crimen de ‘Charlie Hedo’ fue un ataque a la libertad, a la libertad de expresión concretamente que es, en esencia, uno de los pilares fundamentales de cualquier libertad. Un ataque contra aquellos que se enfrentaron a la intolerancia y al miedo, que retaron a la sinrazón.

Charlie Hebdo

Aprovechar un ataque contra la libertad para poner en marcha medidas que atentan contra la libertad parece una pirueta, como mínimo, soez, y de muy difícil encaje en unas sociedades que pretendan avanzar en democracia. ‘Charlie Hebdo’ era más libertad, no menos, y muy mal tendría que estar este planeta si finalmente la valentía y muerte de los humoristas de ‘Charlie Hebdo’ sirviesen para justificar un nuevo paso atrás. Los terroristas y los reaccionarios habrían ganado.

Al terror, esa mala bestia de mil cabezas, hay que combatirlo, efectivamente, con todas las armas a nuestro alcance. Pero ese alcance, en las sociedades libres y democráticas, tiene un límite, y el límite son los propios derechos y libertades ciudadanos.

Esos miles de millones que hemos expresado en las calles, medios y redes sociales ese imponente #JesuisCharlie debemos estar alertas ante lo que pueda depararnos la cita del 18 de febrero.

Los trabajadores de la revista, mientras tanto, hacen alarde una vez más de coraje, humor y sensibilidad en la portada del primer número tras los atentados. ‘Todo está perdonado‘, dicen.

Pero mejor que no haya nada que perdonar. Europa, el mundo, no pueden permitirse más retrocesos en los avances democráticos que tanto han costado conquistar. ¿Seguridad a cambio de libertad? No, gracias. No permitamos que nadie tome el nombre de ‘Charlie’ en vano.

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