“Yo recuerdo que, cuando empecé a escribir, nunca pensábamos en el éxito o en el fracaso de un libro. Lo que se llama éxito ahora, no existía entonces. Y lo que se llama fracaso, se descontaba. Uno escribía para uno mismo, y, acaso, como decía Stevenson, para un pequeño grupo de amigos. En cambio, ahora se piensa en la venta, sé que hay escritores que anuncian públicamente que han llegado a la quinta, a la sexta o a la séptima edición, y que han ganado tanto: todo eso hubiera parecido totalmente ridículo cuando yo era joven. O, mejor dicho, más que ridículo hubiera parecido increíble. Se hubiera pensado que un escritor que habla de lo que gana con sus libros, lo hace como diciendo: “Yo sé que lo que yo escribo es malo, pero lo hago por razones comerciales, o porque tengo que mantener a mi familia”. De modo que yo veo esa actitud casi como una forma de la modestia. O de la mera tontería”.

Me guardo esta interesante e irónica reflexión de Jorge Luis Borges acerca del oficio de escribir y de los conceptos contemporáneos de ‘éxito’ y ‘ fracaso’, porque me ha hecho gracia y porque encierra algunas claves que me vienen muy bien en estos momentos.

Borges habría cumplido tal día como ayer, 24 de agosto, nada menos que 116 añitos, y aunque hace ya 29 que nos dejó, su pensamiento y sus ideas continúan, como podemos ver, completamente vigentes.

El fragmento pertenece al libro de entrevistas ‘Siete conversaciones con Jorge Luis Borges‘ (aquí algunos extractos), de Fernando Sorrentino, que he descubierto vía Brain Pickings.

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