La apertura de Instagram –la red social de fotografía en movilidad por excelencia– a formatos distintos al 1×1 (cuadrado) que adoptó desde un principio, es decir a imágenes con disposiciones horizontal y vertical, ha levantado cierto revuelo entre algunos de sus usuarios.

Hay quien afirma que el servicio ha perdido su identidad, algo que acabará pasándole factura; y hay quien lo ve como un paso inteligente, que permite ampliar la calidad y oferta de los contenidos, al tiempo que contenta a un numeroso sector de ‘instagrammers’ que veían en el 1×1 una innecesaria limitación a sus posibilidades creativas.

Yo me sitúo abiertamente en en el segundo grupo.

Para un fotógrafo, recortar una imagen para adecuarla a un formato determinado resulta, en la mayoría de las ocasiones, un irritante acto de mutilación. Disparar por imposición en una proporción determinada también condiciona gratuitamente la expresión artística.

Todo esto al margen, eso sí, de que ambas prácticas puedan resultar un excelente ejercicio para mejorar la destreza compositiva. Pero sólo como eso, como un entrenamiento voluntario en el proceso de aprendizaje y no como una imposición.

Igualmente, la elección libre de un formato determinado es una opción creativa. Y en este sentido cabe señalar que, al igual que su predecesora en soporte analógico, la mítica Polaroid, Instagram ha logrado dar vida a toda una corriente estilística que ha hecho del formato cuadrado uno de los estándares más populares de la fotografía digital.

La ‘identidad’ de las redes sociales

Hablar de ‘identidad’ respecto a los nuevos medios de comunicación en red no puede ser fruto más que de una suerte de purismo irreflexivo o de una expresión de nostalgia precoz. Si hay algo que caracteriza a los ‘social media’ es precisamente su carácter flexible, su mutabilidad, su predisposición al cambio al ritmo de los avances tecnológicos, los movimientos de mercado y la evolución en los gustos de los usuarios.

Los blogs ya no son lo que eran, Facebook cambia sus prestaciones casi cada día, Twitter hace mucho tiempo que dejó de ser aquello de ‘¿qué estas pensando?’, el motor de Google dista mucho del que irrumpió en 1997, ¿te acuerdas de Foursquare?…

Prácticamente todas las herramientas 2.0 han ido evolucionando no sólo porque resulta una exigencia en esta era frenética de continuos cambios, sino sobre todo porque pueden. Al contrario que los medios tradicionales, fuertemente condicionados por sus soportes físicos, los nuevos medios pueden cambiar tan solo eliminando, incorporando o mejorando unas cuantas líneas de código.

En el caso concreto de Instagram, puede que el formato cuadrado haya sido un elemento característico, pero en ningún caso exclusivo o privativo. No fue la primera ni la única app en ‘imponer’ el 1×1. Cuando fue lanzada en octubre de 2010, Hipstamatic – que había salido al mercado casi un año antes– contaba ya con millones de usuarios y facturaba millones en ventas, era el referente de las aplicaciones tipo ‘lomo‘ o Polaroid. Y sí, el formato que manejaba era el 1×1.

¿Qué hizo que Instagram acabara dominando el mercado? El formato no, desde luego. Sobre todo, la sencillez. Surgió como un Twitter de la fotografía. Si Twitter te preguntaba: (dime) ¿qué estas haciendo?; Instagram planteaba: (muéstrame) ¿qué estás haciendo? Y ya.

A la gente le daba exactamente igual que las fotos tuvieran que ser cuadradas, horizontales, verticales o romboidales. Era divertido compartir instantes con tanta facilidad, y de ahí el ‘boom’.

Pero, al igual que le ocurrió a Twitter –y a la mayoría de las redes sociales–, la diversidad de usos que fueron aplicando los usuarios acabó excediendo con creces la propuesta inicial de la plataforma. Así que, si bien el grueso de los usuarios se dedicó a compartir instantes, pronto aparecieron los que la utilizaban para aspectos tan diferentes como la promoción, las recetas, las citas textuales, recortes de prensa… y también para la fotografía de carácter artístico, naturaleza, moda, experimentos gráficos…

Usos para los que el formato 1×1 se quedaba definitivamente obsoleto. De hecho, la propia compañía ha señalado que al menos el 20% de las imágenes subidas por los usuarios no era ya cuadrado. 20% de usuarios que se veían obligados, además, a tirar de apps de terceros para lograr la cuadratura de sus fotos en vertical o horizontal, dando vida a un espectro comercial del que Instagram no se beneficiaba en absoluto.

Paradójicamente, la cámara de Instagram sigue sin permitir a día de hoy tomar fotos horizontales y verticales, permanece en ‘modo cuadrado’. Es algo que, por coherencia –y por acotar el uso de apps de terceros–, sin duda corregirán en una próxima actualización, pero que viene a reconocer una realidad ‘iger’ cada vez más amplia (y que también trae de cabeza a los ‘instapuristas’): el uso de cámaras de todo tipo al margen de la nativa de la app, incluidas réflex, y de programas de procesado de toda índole, incluido Photoshop.

¿Qué hacer entonces? Ante este panorama, los servicios pueden adoptar dos posturas, mantenerse en sus trece o dar respuesta a la demanda. Atrincherarse detrás de su ‘identidad’ o rendirse a la evidencia. Y, en esto de la Web 2.0, el inmovilismo ha demostrado no ser una alternativa. El éxito o fracaso lo marca la utilidad, el valor de uso de la plataforma.

¿Cuál es el de Instagram? El de compartir imágenes de la forma más sencilla. Y eso sí que sigue intacto.

Instagram, ¿en las grandes ligas de la fotografía Web?

Otra de las lecturas posibles acerca de este cambio es la de que Instagram se postule ante la comunidad fotográfica como alternativa a redes como 500px o Flickr. Es decir, entrar a competir en las grandes ligas digitales de la fotografía profesional, semiprofesional y de aficionados avanzados.

Lectura que se vería reforzada por la constante mejora de su versión web o por su decisión de aumentar la resolución de las imágenes a 1080px hace poco más de un mes.

Sin perder de vista esta posibilidad, y sin descartar que entre sus objetivos se encuentre el de atraer a fotógrafos ‘instaescépticos’, dando una ‘mordida’ a la ‘cartera de clientes’ de las grandes plataformas fotográficas de la Web, lo cierto es que este escenario se me antoja, hoy por hoy, muy poco viable.

Por un lado, por las enormes prestaciones que ofrecen las plataformas mencionadas (sets, grupos, datos exif, resoluciones siderales, tiendas…); pero sobre todo porque, como ya hemos señalado, la auténtica fuerza de Instagram radica en la comunicación instantánea, por encima incluso de la calidad de los contenidos que se comparten, justo lo contrario de lo que ocurre en aquéllas.

Es la app reina en movilidad. Eso es lo que la ha hecho grande y ésa es su ventaja competitiva respecto a las otras, muy poderosas en la Red, pero muy débiles y pesadas aún en sus versiones móviles, a pesar de sus constantes esfuerzos por mejorar.

Si de lo que hablamos es de un proceso de confluencia entre plataformas ‘Web nativas’ y plataformas ‘móvil nativas’, entonces sí podemos decir que Instagram sea posiblemente la mejor posicionada.

Habrá que estar atentos a la evolución de los datos y las cifras, en especial a lo que se refiere a posibles avances en la versión Web, en el incremento de usuarios y, sobre todo, en el aumento de contenidos en formatos ‘landscape’ y ‘portrait’, que es lo que finalmente dotará de validez o no a la iniciativa.

Por mi parte, como amante de la fotografía, sólo puedo agradecer la decisión adoptada. Poder subir fotos en el formato que a uno le dé la gana es, simplemente, una gozada:

Bajo las estrellas

Una foto publicada por Manuel M. Almeida (@mmeida) el

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3 comentarios Instagram 1×1, o cuando el paso lo marcan los usuarios

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