Erik Johansson, el surrealismo que no cesa

Hace ahora aproximadamente cinco años daba cuenta en Mangas Verdes del trabajo excepcional que desarrollaba el fotógrafo sueco Erik Johansson, explorando vías de creación que fácilmente podríamos encuadrar dentro de las corrientes pictóricas del surrealismo de la primera mitad del pasado siglo.

Hoy me he vuelto a pasar por su web y he descubierto que cuenta con nuevo diseño, con blog y, sobre todo, con nuevas creaciones que, a mi modo de ver, han ido ganando en expresión plástica y, evidentemente, en calidad técnica, huyendo quizá del efectismo de sus primeros trabajos para adentrarse en territorios mucho más líricos y simbólicos.

"Soy un fotógrafo y artista del retoque sueco. Uso la fotografía como una forma de recopilar material para hacer realidad las ideas que tengo en mente".

Ésta es la frase de bienvenida que podemos encontrar en la página principal de su web, desde la que podemos no solo contemplar sus distintos trabajos –y compartirlos, siempre y cuando citemos y enlacemos al autor–, sino también adquirir copias impresas de sus obras y, también, aprender algo de la técnica del autor a través de vídeos, como el que puedes ver a continuación, que nos muestran los procesos de creación.

En la galería que abre el post te dejo una pequeña muestra del talento creativo de Johansson recomendándote, como siempre, la visita a la web oficial de este artista al que algunos no dudan en considerar el ‘Dalí contemporáneo de la fotografía‘.

2 comentarios Erik Johansson, el surrealismo que no cesa

  1. Beatriz Cudi

    Que maravilla de trabajo hace este hombre.
    Mil gracias por seguir compartiendo a gente tan valida y por ser tan generoso.
    Un abrazo

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  2. Ramón Besonías

    Para el fotógrafo sueco Erik Johansson, la realidad es tan solo un instrumento para evidenciar el extrañamiento que nos provoca la contemplación del mundo que nos circunda. Pese a que su técnica es impostada, se basa en la completa manipulación de la imagen, en un plano conceptual, su arte es todo lo contrario. La imaginación adquiere entidad, forma y deseo, y también, por qué no decirlo, reivindicación de lo posible. Abrir el asfalto, en busca de la naturaleza olvidada; travestir las leyes naturales con ejercicio lúdico, infantil; tejer un manto de nieve artificial, pero más deseable que la triste presencia de un páramo desértico. Reflejar el cielo sobre el sucio empedrado. Al contemplar las fotografías de Johansson me viene a la memoria las palabras de Pessoa: amo los paisajes inexistentes.

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