N

o hay ojos de agua en el mar de las grietas,
sólo labios secos que afloran al alba,
corales teñidos de hambre y hastío.

No hay playa en la orilla del gran lago kaki,
sólo un yermo infinito de tierra y arena,
cangrejos-hormiga que lamen el tiempo.

Pescadores tristes atrapan silencios,
mantarrayas-buitre rondan la mañana,
madres que destilan hiel y desconsuelo.

Huellas-reflejos de cien pies heridos
tiñen de sangre la marea encallada,
la lluvia de polvo desborda los ríos
donde van a beber su muerte las algas.

No, no hay playa en la orilla del gran lago kaki,
sólo labios secos que afloran al alba,
madres que buscan salado consuelo
en nanas que entonan con voz calcinada.

El día es eterno;
la noche, agitada
ballena con cuernos.

Y mi niño sueña con ojos de agua.

No hay azul ni blanco,
transparencias, nada.
Rojo, ocre y negro.

Y mi niño sueña con ojos de agua.

La boca sedienta
suplica una lágrima
que el sol desintegra.

Y mi niño sueña con ojos de agua.

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