V

oy con prisas. El Ayuntamiento ha convocado rueda de prensa urgente y no hay nadie más disponible en la sección de Local. Apenas dispongo de una hora. El mensaje dice que a las 9.30. Me ha pillado de camino al parque. Hoy tendré que reducir al mínimo la sesión de banquing y evitar, en lo posible, que Cayo me enrede en una de sus tertulias. Va a resultar algo difícil, porque lo veo ya instalado en el banco, observándome expectante desde la distancia. Lo saludaré y me daré media vuelta. Cualquier concesión podría ser un desastre.

Pero Cayo no es de los que se rinden fácilmente. ¿Has visto lo de Aguirre?, me pregunta nada más saludar, haciendo oídos sordos a mis excusas y mi ostensible estado de ansiedad. Sí, claro, pero ahora no puedo detenerme. Hombre, siéntate cinco minutos, insiste, un Krüger y te vas, ¿no dices que tienes una hora? Cayo, joder, un Krüger tuyo dura más que un puro de Fidel Castro, en serio, hoy no puedo. Venga, hombre, cinco minutos; cinco minutos y te vas. Joder, pero que sean cinco, Cayo, cinco, ¿vale?

– ¿Tú entiendes algo? –me larga de buenas a primeras.

– ¿Algo?, ¿de qué?

– De todo el lío éste de los pactos. Creo que ni la gente de a pie ni los mismos militantes de los partidos tienen idea de lo que está pasando. Está todo el mundo despistado, y cuando digo despistado no excluyo siquiera a los que manejan los hilos.

– ¿A quiénes te refieres? –le digo, sin quitar la vista de los dígitos que avanzan inexorables en la pantalla del móvil.

– A quién va a ser, a los que llevan el peso de las, vamos a llamarlo, negociaciones.

– ¿Los líderes?

– Sí, a ésos..

– Ah, yo pensaba en el Ibex –le suelto, con cierta malicia. Rectifico. Mejor no darle bola–. Bueno, supongo que estarán haciendo lo que pueden. No sé. Digo.

– Pues yo tengo la impresión de que todos han perdido el norte. El PP lo perdió en la misma noche electoral. No se esperaba ese resultado, y aun menos que no pudiera sumar con Ciudadanos. Ni con Ciudadanos ni con nadie, salvo un advenimiento del PSOE, cuestión harto improbable. Esa misma noche lo supieron, crack, menuda hostia. Así que todos los aspavientos y postureos que nos han regalado Rajoy y los suyos desde entonces no han sido más que eso, aspavientos y postureos estériles. Ahora el partido anda dividido, fragmentado, acosado por sus propios errores políticos, su agotada mayoría absolutista, su entrega a las posiciones más reaccionarias, su escaso talante democrático y, sobre todo, por esa corrupción generalizada que no le permite levantar cabeza

Me levanto. Cayo, de verdad, es muy interesante, pero tengo que irme. Joder, si no llevamos ni dos minutos, proclama. ¡Seis, Cayo, seis!, ¡llevamos seis minutos ya! Acabo enseguida, me dice, quiero saber tu opinión. Y Cayo prosigue ahora con el PSOE. Que si Pedro sólo tiene un norte, que es gobernar a cualquier precio, que si su empeño en jugar a dos bandas puede hacerle fracasar, que tiene que definirse de una vez, izquierda o derecha, que si el PSOE se la juega… (Abrevia, Cayo, por Dios).

– ¿Y qué te digo de Rivera? Pues que su único norte ha sido y será amortiguar la caída de la derecha, la debacle del PP. Así que a ése le da lo mismo una cosa que otra, siempre y cuando logre arrinconar a Podemos. Y a Podemos, pues también se le ha ido difuminando el norte a base de convertir los máximos ideológicos en mínimos innegociables. Con estos mimbres no hay quien pacte.

– Bien –le digo gesticulando con las manos abiertas–, ¿pero cuál es la noticia?

– ¿Noticia? Ninguna. Mi opinión, que al único que veo centrado es a IU, pero ni dos ni tres ni cuatro pactan si alguno no quiere. Y este país necesita dar un paso adelante, un salto democrático y de modernidad. Recuperar el norte. Y eso pasa inevitablemente por un gobierno de izquierdas, así que ya están tardando Iglesias, Sánchez y Garzón en sentarse y establecer de una vez por todas las bases de ese acuerdo. ¿Con la participación o abstención de Ciudadanos? ¿Y de alguno más? Puede ser, todo lo que sea sumar… Pero siempre en el marco de un proyecto progresista que nos redima de los nefastos efectos políticos y sociales de estos últimos cuatro años.

– Vale, cojonudo. ¿Ya está?

– No, porque me preguntarás ¿y el PP en qué lugar queda?

– Que no, que no te lo preguntaré…

– Pues ya te lo decía, ahí está, en el inicio de una crisis larvada. ¿Qué tendría que hacer, en mi opinión?, pues tomarse su tiempo, reflexionar y regresar como un partido adaptado a los nuevos tiempos. Si el PP quiere retomar el pulso de la historia y mantener alguna posibilidad de influencia en esta sociedad hay, al menos, cuatro tareas urgentes que ha de acometer: ruptura radical con el franquismo y todo lo que representa, depuración profunda y sin miramientos de la corrupción, respeto a las conquistas, derechos y libertades democráticos y erradicación de la demagogia, el rencor, el revanchismo y el gamberrismo que acompañan a buena parte de sus acciones y declaraciones públicas, incluidas las de sus voceros mediáticos.

– Vamos, que se haga de izquierdas.

– ¿De izquierdas? Estimado amigo, lo que le pido al PP ahora es lo menos que se despachaba a finales de los setenta. La condena del franquismo, la lucha contra la corrupción, el respeto democrático y la defensa de los derechos y libertades consagrados en la Constitución no es exclusiva de la izquierda. Y, si el PP cree que sí, entonces su problema es aun mayor del que imaginaba.

Sigo de pie. Vuelvo a mirar la hora y ya hemos consumido casi diez minutos. ¿Eso es todo, Cayo?, le pregunto. Sí, si vas con esas prisas, con eso me basta, ¿qué opinas? ¿Que qué opino?, no sé, que bien, que ojalá…

– ¿Que ojalá qué?

– Pues, eso, que ojalá encuentren el norte, porque eso significará que lo habremos encontrado todos.

– Cuestión de brújula y de conciencia del momento histórico, brújula y momento histórico.

– Cuestión de tiempo, Cayo, de tiempo. Tengo que salir por patas.

– Y de tiempo, sí señor…

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