Esta preciosa foto que abre el post no es mía. Es de Noah Rosenfield. Un fotógrafo que, como muchos otros, ha decidido inscribirse en una web de la que luego daré el nombre y en la que, a cambio de difundir su obra, renuncia a todos sus derechos sobre la misma. O a casi todos. Le queda, supongo, el reconocimiento de la paternidad, que dicen que es irrenunciable. ¿Se ha vuelto loco? Puede que sí, pero entonces nos habremos vuelto igual de locos la Nasa y yo.

El nombre de esa web, la clave de esta presunta locura, es Unsplash. ¿Y qué es Unsplash? Excelente pregunta. La verdad es que no sabría decirte categóricamente. Puede que sea un repositorio, un portfolio o tal vez una red social. No lo tengo muy claro. Lo que sí tengo claro es que, en cualquier caso, a cada uno de esos conceptos habría que añadirle el complemento ‘de imágenes libres’. Porque Unsplash es eso, una plataforma abierta de fotografía en alta resolución, un ‘site’ que regala imágenes de acuerdo a una licencia Creative Commons Zero, radical. Y yo, que a veces también me siento algo abierto y radical a la hora de compartir mis creaciones, no he tenido que pensármelo mucho para unirme a ella.

En Unsplash cualquiera puede subir cualquier fotografía sobre la que posea derechos y cualquiera puede bajársela y utilizarla sin ningún tipo de restricción, ni siquiera la obligatoriedad de citar el sitio o el autor. Y no es broma, ésta es la transcripción textual de la licencia:

«All photos published on Unsplash are licensed under Creative Commons Zero which means you can copy, modify, distribute and use the photos for free, including commercial purposes, without asking permission from or providing attribution to the photographer or Unsplash».

Su lema es ‘Haz lo quieras’ y ese ‘lo que quieras’ incluye muy interesantes posibilidades para todos aquellos que trabajamos en la Red, tanto si dispones de un blog en el que la imagen tenga una importancia capital, como si eres diseñador o creador de páginas. Quizá me equivoque, pero tengo la impresión de que Unsplash está condenada a convertirse en uno de los recursos de obtención de fuentes gráficas más utilizados y populares de la Red.

No obstante, hay condiciones. Pero sólo para los fotógrafos 😀 . Quien quiera compartir sus obras en la plataforma ha de someterse a una aprobación previa, un examen de calidad por parte del staff. Si lo supera, la foto será visible en su perfil, pero no obtendrá una visibilidad notable hasta que alguno de los curadores invitados la incluya en una colección. Éstas son destacadas en la portada de la plataforma y, aunque cualquiera puede crear sus propias colecciones personales, parece claro que las más visitadas serán las que figuren en la página principal de la Web.

¿Qué obtienen los fotógrafos a cambio? Pues, aparte de difundir su trabajo, un seguimiento estadístico de la actividad que genera su obra, tanto en valoraciones (ránking), como en descargas. Alimentar el ego, ese viejo truco que mueve montañas 😉

Y, aunque sé que lleva ya un par de años funcionando, no había reparado en ella hasta que vi este post de Matt Mullenweg, el creador de WordPress, que ha ejercido recientemente de curador invitado. Y, qué quieren que les diga, me ha encantado.

¡Eso sí! A pesar de que la licencia no te obligue –o quizá precisamente por ello– a citar y enlazar al autor de la foto, no cuesta nada hacerlo, y además estarías correspondiendo a alguien que, de forma directa o indirecta, te está facilitando la labor.

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